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Le Fils de l’Arc-en-Ciel de Diomenia Carvajal

El don de la historia : Le Fils de l’Arc-en-Ciel de Diomenia Carvajal


por Adriana Castillo-Berchenko. (Profesora de literatura latinoamericana en la Universidad d’Aix-en-Provence)

Un niño mapuche, Guallipén, escucha un día la historia del insecto “Hijo del Arcoiris”. Se dice que él encontrará ese ser maravilloso - “que vuela tan rápido que nadie aún lo ha podido atrapar” – y que él verá la huella luminosa que deja tras de sí. Guallipén vive en la selva con la gente de su comunidad. Como ellos, él la ama y la respeta. Pero la selva está amenazada por “los guerreros venidos de afuera”. Ellos quieren poseerla. Los indios se oponen y la guerra estalla. Guallipén es tomado prisionero por los conquistadores. El niño aprende a conocerles. Allí también encuentra – y ama – los caballos. El tiempo pasa y Guallipén crece entre los extranjeros. Un día parte para reunirse con su pueblo. No ha olvidado nada de su pasado. Ya con los suyos se prepara para el combate. Se transforma en toqui. Declara la guerra al conquistador y resulta vencedor.. En el momento mismo de su victoria percibe el vuelo del Hijo del Arcoiris y su huella luminosa.

El relato de Diomenia Carvajal[1], una breve novela de 19 capítulos muy concisos – revela a una narradora innata, una auténtica “cuentahistorias”. Con gran soltura, con frases claras, fluidas y armoniosas, la creadora prueba que posee “el don de la historia”, ese arte – fundamentado en la oralidad – de contar y decir lo justo y suficiente para abrir las puertas del imaginario de los lectores. Esa virtud de “cuentahistorias”, Diomenia Carvajal la posee a carta cabal. Este es, por lo demás, el rasgo distintivo de su escritura. Una escritura que se puede descubrir en Le Fils de l’Arc-en-Ciel y que es más sugestiva, pues, si por una parte, se despliega con una gran economía de medios, por otra, se abre, generosa, a un máximo de significaciones. Es esto lo que fundamenta la riqueza de esta historia.

Hay, en efecto, varias historias en Le Fils de l’Arc-en-Ciel[2]. Ellas no son ni cuentos cortos ni leyendas en serie, sino claramente historias que juegan entre sí, se entrelazan y combinan felizmente. A la narración de Guallipén se une la del Hijo del Arcoiris[3]. A éstas se agrega la del pueblo mapuche y su epopeya y con ellas se reúne la historia de los españoles llegados allí para llevar a cabo su conquista. Finalmente, todo esto se encuentra envuelto por una historia más trascendente todavía, la de la naturaleza y de las fuerzas elementales que determinan la vida y el espíritu de los hombres. Esta naturaleza no es otra que la de la selva virgen, húmeda y fría del Sur de Chile. Magnífica en su potencia, ella favorece la atmósfera mágica y misteriosa en la que el relato se impregna. Así, entonces, si se piensa objetivamente en el inmenso proyecto narrativo materializado en las páginas de esta breve novela, se justifica el asombro ante la sabiduría expresiva de la artista. Con elegancia y dando la justa medida de su talento, ella triunfa en su cometido.

En este orden de cosas, mundo natural y mundo humano son recreados con gran delicadeza. Pero, donde más destaca Diomenia Carvajal es en la recreación de un imaginario infantil. Verdadero obstáculo expresivo para muchos creadores, la concepción de una conciencia y de una visión de mundo propia de los niños es una composición verdaderamente lograda por la narradora. Todo el relato – eventos, espacios, personajes - está tratado a partir de la mirada del niño, y las percepciones, los miedos, penas y alegrías de Guallipén, así como su interpretación mágica de la realidad (la comunicación de las fuerzas elementales, la visión del insecto o del caballo, por ejemplo) dan lugar a páginas de una gran sensibilidad.

Relato de aprendizaje que avanza y se prolonga entre mito e historia, entre oralidad y literalidad, El Hijo del Arcoiris (Le Fils de l’Arc-en-Ciel) merece realmente ser leído y releído por el lector que busca además de la originalidad, la calidad.

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[1] Le Fils de l’Arc-en-Ciel (Première et seconde éditions chez L’Ours Blanc, en 74 p. et troisième édition chez ArcoirisEditions, en version Bilingûe). Diomenia Carvajal es chilena y reside hace años en Francia. Narradora bilingüe francés-español ha publicado también Contes et Légendes du Pays Lointain, París, Textes&Prétextes, 2001 y Crónicas de Nina y el Mercader Prodigioso, París Textes &Pr&textes, 2003.
[2] El referente histórico de base del relato es la conquista de Chile por los españoles y la guerra de Arauco contra los mapuche en el siglo XVI.
[3] Tras el personaje de Guallipén se encuentra la figura histórica de Lautaro, el niño mapuche que fue cogido prisionero por Pedro de Valdivia, el conquistador. Valdivia hizo del niño su palafrenero. Ya joven, Lautaro se reúne con los suyos y se transforma en jefe de guerra (toqui). Es uno de los libertadores de Arauco.

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