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sábado

AUGUSTO ROA BASTOS / SAÚL YURKIEVICH



REVUE IBÉRICA - Les Cahiers N° 1. Literaturas Iberoamericanas del Siglo XX, Publication du Conseil Scientifique de l'Institut d'Études Ibériques et Latinoméricaines, Editions Hispanques, Paris-Sorbonne, 1983

- UNA LITERATURA SIN PASADO - LA NARRATIVA PARAGUAYA EN EL CONTEXTO DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA ACTUAL - Augusto Roa Bastos (LEER - Click aquí)

- EL RELATO LIMÍTROFE (ENTRE CANTO Y CUENTO) EN LA OBRA DE OLIVERIO GIRONDO - Saúl Yurkievich (LEER - click aquí)

Nota: Actas del Coloquio Internacional del Cuento Latinomericano, Paris-Soborna, 1980. (Ver BLOG - Coloquios/Cuento Latinomericano).

Al "clickear" sobre el nombres de los autores, podrá acceder a otros títulos en Amazon

"El Interprete" - Juan José Saer


"EL INTERPRETE"

Ahora me paseo por la orilla del mar, sobre una arena más lisa y más amarilla que el fuego. Cuando me paro y miro para atrás veo la guarda entrecruzada de mis pasos que atraviesa intrincadamente la playa y viene a terminar justo bajo mis pies. El borde blanco, intermitente, de espuma blanca, separa la extensión amarilla de la playa celeste del mar. Si miro el horizonte, me parece que empezaré a ver, otra vez, los barcos carniceros avanzando desde el mar hacia la costa, puntos negros primeros, filigranas llenas de coladuras más tarde, y, por último cascos panzones sosteniendo las velas y una selva de palos y de cables deslizádose rígida hacia adelante y mostrando de un modo gradual la fiebre de una mochedumbre de hombres activos. Cuando los vi, cerré los ojos porque sus pechos de piedra cintilaban, y el rumor del metal y de las voces ásperas me dejó sordo por un momento. Me avergoncé de nuestras cuidades toscas y humildes y comprendí que no eran nada ni el oro ni las esmeraldas de Ataliba (que ellos pulverizaban a martillazos buscando la pepita, como se hace con una nuez), ni los grandes corredores pavimentados y amurallados de plata, ni nuestros calendarios de piedra, inmensos, ni la guarda imperial que reaparece, una y otra vez, en las fachadas, en la vestimenta de la corte y en los cacharros.

Vi fluir desde el mar un chorro desplegado de gloria y abundancia.

Los carniceros tocaron con una cruz la frente del niño que yo era, me dieron un nombre nuevo, Felipillo, y después, lentamente, me enseñaron su lengua.La vislumbré, gradual, y hacia mí, Felipillo, las palabras avanzaron desde un horizonte en el que estaban todas empastadas, encimadas unas sobre las otras para ser, otra vez, como los barcos, puntos negros, filigranas de hierro negro, y por fin una selva de cruces, signos, palos y cables desagregándose de grumo hirviente como hormigas despavoridas de un hormiguero.

Entonces dejé de ser la criatura desnuda en cuyos ojos destelló el metal de las armaduras y en cuyos oídos resonó por primera vez el estruendo de las velas, y empecé a ser el Filipillo, el hombre dotado de una lengua doble, como la de las víboras. De mi boca sale ya la bendición, ya el veneno, ya la palabra antigua con que mi madre me llamaba al atardecer, entre las fogatas y el humo y el olor a comida que flotaba en las calles rojiazas, ya esos sonidos que repercuten en mí como en un pozo seco y sin fondo.Entre las palabras que la voz le arranca a la sangre y las palabras aprendidas que la boca come ávida de la mesa de los otros, mi vida se balancea sin parar y traza una parábola que a veces borra la línea de demarcación. Me siento como atravesando una región en la hay hay zonas duirnas y nocturnas, alternadamente, como el gallo que canta a deshora, como el bufón que improvisaba para Ataliba, entre la risa de la corte, una canción que no estaba hecha de palabras sino únicamente de ruido.

Cuando los carniceros juzgaron a Ataliba, yo fui el intérprete. Las palabras pasaban por mí como pasa la voz del Dios por el sacerdote antes de llegar al pueblo. Yo fui la línea de blancura, inestable, agitada, que separó los dos éjercitos formidables, como la franja de espuma separa la arena amarilla del mar; y mi cuerpo el telar afiebrado donde se tejió el destino de una mochedumbre con la aguja doble de mi lengua.Las palabras salían como flechas y se clavaban en mí resonando. ¿ Entendí lo mismo que me dijeron ? ¿ Devolví lo mismo que recibí ?Cuando mis ojos, durante el juicio, se clavaban en las tetas azules de la mujer de Ataliba, tetas a las que la ausencia de la mano de Ataliba permitiría, tal vez, la visita de mis dedos ávidos, ¿la turbación desfiguraba el sentido de las palabras que resonaban en el recinto inmóvil ? De una cosa estoy seguro: de que mi lengua fue como la bandeja doble sobre cuyos platos elásticos se asentaban cómodamente la mentira y la conspiración. Sentí el estruendo de los dos éjercitos, como dos mares que se juntan,el mar de la sangre y el agua negra del mar extranjero y ahora, en el atardecer, camino por la playa, un hombre viejo encorvado bajo la bóveda de voces enemigas que se extiende interminable sobre mis ruinas comidas por la selva.

No morí con los que murieron cuando proferí la sentencia, como un chorro de agua que se sorbe, se gargariza y después se escupe, pero tampoco vivo la vida feroz de los carniceros cuyas voces el viento me trae de noche, cuando me acuesto en la selva.

Cuando los carniceros empezaron a construir su cuidad, hicieron una pared gruesa de adobe y la pintaron de blanco . Pero una parte se desmoronó y la abandonaron. Quedó esa pared blanca en medio de un campo pelado, y a mediodía destella la luz sobre la superficie blanca que la intemperie ha mellado. A veces me siento en el suelo y la miro, durante horas. Pienso que la lengua carnicera es para mí como esa pared, compacta, inútil y sin significado y que me enceguece cuando la luz rebota contra su cara estragada y árida. Una pared para arañar hasta que sangren los dedos o para chocar contra ella, sin una casa atrás a la que entrar para que nos defienda su sombra. No soy más que un indio viejo que vaga por la selva en silencio, entre las ruinas, y ya no suena para mí, al atardecer, la voz de mi madre llamándome al hogar por entre las fogatas y el humo y el olor a comida que flotaba en las calles de una cuidad rojiza escalonada hacia el cielo.

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* Próximamente se cumplirán tres años de la muerte de este escritor argentino, nacido en la Provincia de Santa Fé. Radicado en París durante muchos años escribió lo esencial de su obra en la capital gala. Este cuento fue publicado en : "L'anthologie de la nouvelle hispanoaméricaine", (Ver Blog, Antologías) Para tener información sobre su obra clickear Juan José Saer

EDUARDO GALEANO (Uruguay).

La Guerra

Al amanecer, el llamado del cuerno anunció, desde la montaña, que era la hora de los arcos y las cerbatanas.

Cayó la noche sobre el valle. De la aldea no quedaba nada más que humo, cenizas y cadáveres.

Un hombre pudo tumbarse, inmóvil, entre los muertos. Untó su cuerpo con sangre y esperó. Fue el único sobreviviente de los palawiyang*.

Cuando los enemigos se retiraron, ese hombre se levantó. Contempló su mundo arrasado. Caminó por entre la gente que había compartido con él el hambre y la comida. Buscó en vano alguna persona o cosa que no hubiese sido aniquilada. Ese espantoso silencio lo aturdía. Lo mareaba el olor del incendio y la sangre.

Sintió asco de estar vivo y volvió a echarse entre los suyos.

Con las primeras luces, llegaron los buitres. En ese hombre sólo había niebla y ganas de dormir y dejarse devorar.

Pero la hija del cóndor se abrió entre los pajarracos que volaban en círculos. Batió recia las alas y se lanzó en picada.

Él se agarró de sus patas y la hija del cóndor lo llevó lejos
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* Palawiyang - Nombre de una tribu (tal vez Paravilhana en los relatos portugueses de la conquista), habitantes del alto Maiari (Estado de Roraima) en Brasil (KG)

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Para ver Video de Eduardo Galeano en la conferencia del Primero Foro Social Mundial en la ciudad de Porto Alegre (VER - Click aquí)

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ENRIQUE ESTRÁZULAS - Los ahogados

LOS AHOGADOS

Él venía del mar.
Silenciosamente amarró la goleta a una piedra del puerto, miró hacia el pueblo con ladridos y velas, levantó el ala del sombrero que fue a la nuca como pensando en otra cosa, en algo que poco tenía que ver con nada, ni siquiera con sus pasos que empezaban a conocer la aldea.

Los perros lo atacaron, ladraron hasta el hastío y después le imitaron esa especie de aburrimiento, siguiéndolo de cerca, tan sin ganas. Mi madre descorrió para ver la cortina granate, sucia de moscas. Desde allí lo miró todo el tiempo; lo miró desde antes, desde que la goleta era una cigüeña en el horizonte barcino.

El hombre bordeó las casas con la luna rojiza montada en un hombro. Seguramente se entristeció con el campanario de la Iglesia raquítica, que daba sones de oración, ya fuera de hora.

Y entró a la cantina, siempre así. Todos lo miraron beber el aguardiente, litúrgico y sin habla. También lo vieron dormir. Lo vieron por las ranuras de la casa de cañas, entre cajones, sobre un cuero de oveja. Dicen que desde el muelle subía un viento de enero, aplacado por las enredaderas. Mi madre también lo vio; lo vio dos noches. A la tercera noche durmió con mi madre.

Le regaló un mantel de ñanduty, una estrella de mar, un collar con oídos de ballena. Cuando se quiso ir, mi madre lo siguió, lo vio soltar amarras, lo vio volver del mar para llevársela. Todo el mundo miró la inocente goleta, perdiéndose hasta ser el cuello de una garza. Y mi madre no volvió a ver el pueblo.

Él la dejó en la playa, más al sur, muy cerca de un fortín donde no había nadie. Ella caminó mucho, ya conmigo, cansándose al llegar a un círculo de ranchos. Entonces fui que nací yo.

Mi madre me besó en el arroyo de las lavandera, cuando dí el primer grito. Después vadeamos médanos en una carreta hasta llegar aquí. Y yo también me fui de aquí, atraído por el ruido del mar, el mismo que me había dejado un día, todavía sin nacer, en una orilla anónima. Me embarqué remontando el Gulf Stream en un navío de tres palos. Anduve por las islas y las costas del Africa, robé una sirena en Marsella ahorcando a un griego en el fumadero de recova. Y después la dejé, con el retoño de mi desdicha. Me volví al sur, hecho un canalla. Abrí un prostíbulo de margaritas y rosas, de hortensias y lilas al que llamé Las Flores en una puerta lóbrega del bajo Maldonado.

Detrás de la puerta está mi madre, sentada en un claroscuro, tejiendo siempre. También tejía en Marsella la sirena olvidada, para un hijo marino que seguramente ya me busca en el mar, que tal vez se ha vengado violando a una muchacha en un dique, en el fondo de una sentina. Y así continuará mi herencia infame.

Eso dice mamá, que ahora es partera, y teje sin cesar para los imposibles hijos de Las Flores.



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Este cuento fue publicado en la Antología de Literaturas Ibéricas y latinomaericanas contemporáneas, leído en el coloquio del cuento latinoamericano (ver Blog - click aquí).

Varios cuentos de Enrique Estrázulas han sido antologados en diferentes antologías, (Ver BLOG/Antologías).
Para saber más sobre el autor "clicquear" Enrique Estrázulas.

viernes

Especial de "La Porte des Poètes" sobre Literatura Uruguaya

Leer nota de la embajada en el No. Especial de "LA PORTE DES POÈTES " sobre Literatura Uruguaya. (Ver Blog - click aqui).
En muchas Revistas antologamos poemas de autores uruguayos, recordamos : Urgent Amérique Latine, France Amérique Latine, Bicéphale, entre tantas otras, publicaciones intermitentes, o aquéllas como Vericuetos que aún respira, según su propio Director Efecher Arocha. (ver blog: Revistas - click aqui). Durante encuentros, mesas redondas, coloquios, programas de radio, conferencias, reuniones entre amigos, y como una afirmación de nuestra identidad, la poesía fue en la época del exilio y hoy mismo un instrumento único de nuestra identidad, claro sin olvidar otras formas de creación, que los lectores del Blog pueden apreciar. Difícil de poder recuperar todo lo publicado, dicho, leído, discutido, solo podemos decir que en estos años es una gran antología, dispersa, verdad, pero que está en cada uno de nosotros para siempre.

Hoy les ofrecemos una muestra de algunos poetas antologados en ese número especial, y como dice Macedonio Fernández: "aquí hay tantos ausentes, que no hay lugar para otro".


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domingo

EL ESPÍRITU DE LUCILLA GRAHAM - Guillermo Lopetegui


Guillermo Lopetegui nació en Montevideo, Uruguay, el 26 de setiembre de 1955. Escritor y periodista, es autor de ocho libros de cuentos: Ultimo reducto (1978), El rostro de Margarita Shaw (1981), El parque de los últimos regresos (1987), Brujas de aquí nomás (1993), Crepúsculo de los cautivos (1998), Serias picardías (2002), Los reflejos en la noche y La esperanza y su sombra (ambos en 2007). Parte de su obra ha sido distinguida con diversos premios dentro y fuera de su país. Cuentos suyos están traducidos al francés, inglés y ruso.

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Lucilla Graham se murió en una noche de infancia, dentro de un cuerpo de mujer. Y mientras tanto pasaron los días y las estaciones, y llegué hasta su casa. Conocí detalles de su vida –pasada entre aquellas paredes- y luego me senté junto a la ventana que daba al jardín. El jardín... Por allí paseó su sombra hace mucho tiempo.

Los objetos olvidados –flotantes en su atmósfera amarilla- me hablaban de ella; los cuadros, las vitrinas, las fotos que difícilmente podía reconocer porque habían sido tomadas en las circunstancias borrosas de una época lejana, me traían su nombre: Lucilla Graham. La solitaria, la noctámbula, la que no tenía vida que la sostuviera. Allí parecía seguir estando: en cada lugarcito; metida entre los colores vivos de sus óleos; dormida dentro de una taza de porcelana, fría como lo fueron sus últimas noches. Hasta que un día retornó a los primeros paseos infantiles. Y hubiera deseado ser yo quien la llevara de la mano: ella se agarró al mecerse de sus flores, a los árboles y los pájaros.

Pobre Lucilla Graham. Si la naturaleza no siempre es la misma y a veces se transforma en soledad. Ni sus jardines, ni sus fuentes, ni sus lagos la comprendieron. Cuando Lucilla se acercaba al espejo de aguas en quietud primaveral, encontraba la imagen de su cuerpo consumido, la tristeza que proyectaban al vacío opresor sus órbitas sombrías y la risa trágica que le regalaba el Tiempo en todo su rostro.

Alegría infantil, luego desdicha y angustia.

El sol de la tarde se sienta a mi lado y no tengo deseos de cerrar los ojos: allí viene su espíritu arrastrando la cometa de esperanzas, como una desgracia de cañas cruzadas y papeles rotos que no conocieron la altura por donde vuela el viento.

Ahora regresa porque yo, desde mi juventud, le grité que había vuelto la primavera. Ella, con dificultad, como una anciana, se acerca a mí pidiéndome que la ayude a trepar por el sol. Y cuando siente mi mano que la sostiene, rejuvenece y en ella cobra nueva vida Lucilla Graham.

La fuerza de mis años la retornaron a su casa y a los bosques. Es interesante escucharla cuando habla de sus animales, de sus libros, de la música y de las pinturas. Así pasamos muchos días... o quizás fueron años que viví a su lado, conociéndola como nadie.

En las noches era su confidente, durante el día su amigo de paseos alrededor de la mañana. Su vida era mi vida. En cambio yo nada le podía dar de la mía, porque mis años aún no habían conocido la angustia. Así, el mundo siguió viviendo fuera de nosotros, muy lejos. Pero un día llegaron las risas de los niños, el ruido de los coches y el murmullo incomprensible de la gente mayor... y acepté el fin de nuestra convivencia. Todo debía concluir.

No se lo dije, pero ella lo adivinó en mi rostro. Y ante sus ojos fui envejeciendo de a poco. Mis pasos se tornaron lentos. Descubrí al viejo que albergaba mi alma, sintiendo en mis labios el gusto de la amargura.

Estaba cansado. Pasaba las tardes sentado junto a la ventana mientras que, desde afuera, me llegaban las infaltables risas infantiles trepando por mi bastón y colgándose de mis labios.

Lucilla Graham contempló mi lento deterioro y como forma de evitarlo, aunque sin decírmelo, resolvió alejarse un día con la última lluvia. Ya vieja, se fue arrastrando por el jardín y retornó a su forma antigua... hasta ser sólo espíritu. Una vez, y para siempre, la cometa olvidada levantó vuelo y se dejó perder entre los aires.

Más allá de los muros de la casa; más allá de las hojas de los árboles –que parecían quebrar el paisaje en mil tonos de un mismo amarillo- sabía que me estaba aguardando el vértigo de un mundo cotidiano.

viernes

Un cuento de Lisandro Chávez Alfaro

LISANDRO CHÁVEZ ALFARO

VISIÓN DE TOTALIDAD

Este cuento del escritor nicaraguense, breve pero intenso forma una de las trece narraciones de: "Trece veces nunca". Confrontado con la violencia súbita de la tormenta tropical, el narrador reacciona de manera espontánea y atávica. La revelación de la última frase transfigura la percepción del relato e invita a una segunda lectura.


En el principio fue el viento: un sosegado empuje que ganaba presencia en las hojas, aleteando las vivas y rodando las muertas.

En mi ropa metió algo más de calor. Animado por atávicas sombras, levanté la vista. Demasiado me había distraído en la fabricación de espantajos para venados. Muy cerca, las nubes deslizaban sus vientres de plomo, aplanados contra la espesa envoltura del monte. A lo lejos, se oía el doble trote - celeste y terrestre - de los truenos vininedo desde los confines del mundo. Caminando, acepté indolente el castigo impuesto a mis hombros por las primeras gotas. De súbito, el torrente que me perseguía hasta un palmar.

No había intersticio a salvo. En lo recio del aguacero, levanté el machete, el brazo distendido en toda su escasa largura. También mis pies se estiraron urgidos. Alcancé a herir la penca de las palmas que se inclinaron sobre mí lo suficiente para darme techo. No hubo tránsito visible entre lo gris y el desprendimiento de la cerrada aleación de agua y tiniebla. Una noche más -creí- que caía de espalda; un negro y violento tijeretazo. Se aproximaban los truenos, antecedidos de vagas palideces. Me acuclillé contra el tronco, las manos y el mentón en reposo sobre el mango del machete clavado en tierra.

El redoble se extendía en toda la intrincación de palmas dibujada por el oído. Los párpados persistían en trabajar, sepultos bajo el peso a chorros. Llegó el verdadero relámpago. Vegetación y cielo fueron un corte absoluto. Árboles de luz, remilgadas aves de luz, fijos reptiles de luz, charcos de luz, miríadas de gotas cargadas de luz en la luz. Llegó la verdadera tiniebla. Una infinita masa en la que nada había existido nunca, ni existiría jamás. Luz y tiniebla sin trancisión concebible. Tinieblas y luz descargadas sobre un yo suspendido a mitad del abismo, aterido en el horroroso deleite de verle las caras primigenias a la totalidad. Mi júbilo no cedía ni ante la presentida inminencia de muerte que descendía por las doradas grietas de arriba. Al alcance de mis ojos, una palmera citó al rayo que le abría de copa a raíces. Y percibí la mancha eléctrica lamiendo las orillas de la carne. Principié a caminar bajo el torrente, atinando en los intermedios incandescentes, agotado en la extraña fiesta defendiendo mis recién conocidas dimensiones.

Caminé, con bastante experiencia para un niño.

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Nota: Este cuento fue publicado en : "Antología de Literaturas Ibéricas y Latinomaericanas contemporáneas " y l'Anthologie de la nouvelle Hispanoméricaine. (Ver BLOG/Antologías).
Para saber más sobre su obra, clickear: Lisandro Chávez Alfaro

sábado

GUILLERMO MERINO "Crónicas del desatiento"

Guillermo Merino
Crónicas del desatiento
*
Ediciones Hispanogalia, París, 2005,66p.

"Un mapa del mundo en el que no esté incluída la utopía, no merece la pena ni mirarlo ".
Oscar Wilde

Situación

Murmuré claridades dictadas
Vislumbré aglomeraciones
Y di el primer manotazo
En el centro del silencio
Me uní a las voces
No sombras ni algas ni arena
Estaciones lejanas
Hacia enceguecedoras melodías
Hacia aturdidas noches
Donde la oculta plenitud
Detendría los relojes.


La poesía de Guillermo Merino refleja nuestra esencia, vagabundo de noches interminables, de encuentros fortuitos, como una noche de febrero en París, con Julio Cortázar, en la estatua de Dantón, Bd. Saint-Germain. De su Mendoza natal, pasando por Madrid y Barcelona, desembarca en París, vaya uno a saber qué fuerzas ciegas o vientos andinos lo fueron empujando en búsquedas de utopías, de verdades que se fueron desvaneciendo con los años.

Como lo dice muy bien, en su presentación Javier Pérez Bazo: "la casualidad le hizo encallar días alargados en la secretaría del Liceo Español, papeles, expedientes, informes... Por entonces París era una fiesta, e iba conociendo la cuidad donde habían vivido Pablo Neruda, Rafel Alberti, mientras recitaba los poemas de Paul Eluard."

En pleno Barrio Latino, no podía eludir estudios en la Sorbona, y allí estudia Borges, Sábato, Carpentier, y publica en 1976 su primer poemario: "Tatuajes y distracciones".

"Pero te quiero, país de barro, y otros te quieren, y algo saldrá de este sentir. Hoy es distancia, fuga, no te metás, que vachaché, dale que va, paciencia. La tierra entre los dedos, la basura en los ojos, ser argentino es estar triste, ser argentino es estar lejos".
Julio Cortázar (La Patria en Razones de cólera).

Atajos imprevistos.

Solicito ahora las palabras de mañana
incansable desato otra lluvia de papeles
otro puñado de pasos
que nieguen la evidencia de la derrota
para qué disimular la extensión de la catástrofe
la sangre ensuciada por la tierra
el paisaje cuya locura es evidente
o el fin del relato
hasta descubrise personaje
espanto de despertar escrito
no ser capaz de comprar no vender
no encontrar un almacén para las certidumbres
no saber ni siquiera saludar ni siquiera insultar con gracia:
al partir supe que había regresado
.

A medida que vamos entrando en el mundo de G. Merino, se desprende un sentimiento de derrota, pero al mismo tiempo, los poemas se van conectando los unos con los otros,lo cual hace aún más un testimonio de avatares y situaciones, y de esta manera va creando su propio mapa, su propia locura y desencantos,

"siempre una nube
desde el pasado
siempre ese grito
no realizado
es unútil que jugués al asombrado
cuando vos mismo
cuando vos mismo
te has estafado".


El mundo, las situaciones, el poeta transcribe su existencia, las vuelca con espontaneidad y sinceridad, deja traslucir sus certezas e incertidumbres,entonces el lector se deja llevar de la mano en este recorrido de un hombre que ha vivido, es su mirada, y aceptamos su tristeza y desamparos, sus miedos y tal vez sus esperanzas.

Mientras tanto

Consumiéndome llegué al interior de mi esqueleto
qué insuficiente cualquier plazo para llegar al silencio
qué brutal mi propio rostro liso como una ecuación
gané el derecho a morder mis últimas palabras
haciendo trampas como todos.
Mientras tanto
se desgrana la mazurca loca
que las administraciones temen
mientras tanto
siguen germinando para nadie
los granos de la cordura
.

Dentro de la más pura tradición Cortaziana, el poeta "descolocado", un "outsider" existencial que asume el caos, que ahora trata de organizar a través de la palabra, su único medio de salvación, de sobrevivir, rearmarse. Según Pérez Bazo: "El sanrafaelino anda ahora de retirada surcando los bulevares de París en bicicleta. Hace una pausa, observa y callla, recita otra vez Paul Eluard, se hacen públicamente sonoros los versos de estas " Crónicas del desatiento".

Y ahora, dejemos decir al poeta sus verdades imaginarias...

*Los lectores pueden leer este poemario en su totalidad:
Google : "Crónicas del desatiento" (LEER/click aqui).


Contactos: Los lectores del BLOG, interesados por esta excelente colección pueden escribir a:
centrorecursos.fr@mec.es

Olver Gilberto De León

viernes

"Tiempo Asumido" de Glenia Eyherabide por AUGUSTO ROA BASTOS

Asumirse en el Tiempo

Si “Tiempo Asumido” es, cronológicamente, un libro primerizo, su contenido poético de alta calidad corresponde con toda evidencia a una etapa de madurez y plenitud espiritual y estética logradas, afinadas, y, yo diría, sublimadas, en el ejercicio doloroso y, al mismo tiempo, exaltado y gozoso de una vocación que ardió siempre, soterrada, insomne, verberante, en el alma sin tiempo de una genuina poeta. Éste es, por tanto, un poemario intemporal, o dicho con mayor propiedad, un poemario de todos los tiempos de una vida que condensa y expresa la densidad visionaria de su noción del mundo, de su estar en la vida, de su más íntimo ser.

Cuando la autora me dio a leer los originales tuve desde el primer momento la impresión de que se trataba de una cosecha tardía felizmente recuperada en su decisión de “asumir su tiempo” en el tiempo de los otros.

Vibra en estos poemas el temblor de un ser lleno de pasión, de una sensibilidad en combustión, pero al mismo tiempo velada por el pudor, la finura y la discreción de alguien que sabe que el mundo es cruel y despiadado.

Esta poesía está impregnada de esta lucha agónica pero al mismo tiempo de una invencible esperanza en el destino humano.

De alguna manera todos llevamos dentro una “catástrofe de recuerdos”. De ella, Glenia Eyherabide saca estos poemas que convierten la sombra en luz, las vivencias de una existencia colmada en los acentos firmes de su amor a la vida, de su confianza en el ser humano, de su esperanza en un tiempo futuro que aún debe ser asumido

Augusto Roa Bastos

Compartimos de Glenia Eyherabide una serie de poemas éditos e inéditos (LEER)

jueves

POEMAS DE JOSÉ ALBERTO VELARDE (Perú)

(José Alberto Velarde, Jorge Nájar y William Guillén Padilla, París, Francia, 2004)
PALABRAS ANUDADAS - PAROLES NOUÉES

Palabras anudadas (kipus) en quechua, es un libro de poemas, de rara calidad poética, de José Alberto Velarde. Entre otros temas, nos transmite mitos de una cosmo-visión de su cultura de origen.
Como dice el también escritor peruano Alfredo Pita: "Palabras anudadas", "el pasado y el presente se funden impalpablemente, y el intento de recobrar lo perdido se convierte en recuperación de la historia escondida y devaluada para convertirla en mito definitivo y permanente. Este hijo de las comunidades campesinas de las alturas, tenía un abuelo que era el curandero del pueblo. Leía en las hojas de coca a medianoche". El poeta actualiza formulando en versos su raíz incaica. El ser profundo que nos manifiesta en todo su esplendor creativo a través de estas páginas intensas y bellas.
A. Pita dice: "el poeta se refiere constantemente a la niñez, fuente de la memoria, cuna y tumba de los sueños. Y no es causal su constante referencia al lago más alto del mundo, al altiplano. "Escribo sobre mi experiencia.Viví en la región de Puno, a orilla del lago Titicaca,hasta los once años, y mi cultura de base es la cultura aimará, declara".
En el credo inmemorable de José Alberto Velarde, la sobrevivencia es cultural y si existe porque se cuenta, y se canta, la historia de un pueblo. Así las palabras no son solamente las balsas de una salvación colectiva, sino que ayuda a vivir. " Las palabras son la única ligazón posible para los peruanos, afirma José Velarde, y gracias a ellas serán o no serán".
Riqueza mágica, lírica, profundamente humana, rescata entonces, la memoria en una proyección universal única e intangible. Excelente libro trabajado con amor, con la pasión de quien vive su pasado y su presente, en la más pura tradición innovadora de la cultura del Perú.

(LEER Poemas de José Alberto Velarde - click aquí)

TRANSEÚNTES DEL SIGLO XX DE JORGE ELIÉCER PARDO

PASAJEROS DE UN SIGLO VENCIDO de Jorge Eliécer Pardo

Por Carlos Perozzo

Transeúntes del siglo XX, marca un momento especial en la trayectoria literaria de J. E. Pardo, pues se trata de un volumen de cuentos, donde la realidad surge en cada página, con una inmediatez inquietante, recreándose a sí misma, emergiendo de la mano del autor desde el fondo de las zonas profundas del espacio tiempo, un espacio donde viven y crecen los temas de sus relatos, temas corrientes de la vida social, con personajes corrientes inscritos en situaciones conflictivas, de las cuales despegan por su calidad humana; y sobre todo por su tratamiento literario. Desde este punto de partida, los relatos arriban a la vida literaria y alcanzan un desarrollo lleno de matices vívidos y convincentes que hacen resaltar la importancia que tiene lo común y corriente, en la vida del ser humano. Pero también la manera como el hombre, se siente perdido y desligado en la jungla de sus contradicciones y enfrentamientos con su realidad frente a la de los otros. En mi opinión es allí donde reside parte de su valor literario, cuya vivencia se trasmuta en un constante cúmulo de caídas y reivindicaciones, donde el escritor se juega el apasionado destino de su obra.

Modos y maneras de un mundo donde sus personajes habitan una geografía en ocasiones alucinante, o soportan aquello que a menudo solemos llamar una desgracia.
Transeúntes del siglo XX, es una obra donde el autor ha reunido sus cuatro libros de cuentos y relatos publicados en años anteriores, que se van proyectando unos sobre otros, para conformar un volumen, al que su autor le ha conferido su destino literario como depositario de la belleza, la furia o el drama de los cuerpos, bajo la implacable tarea de Cronos, sin posibilidad de escape.

En el transcurso de aquella época en la que reinó lo que se llamó boom de la literatura Latinoaméricana, el cuento tuvo con respecto la novela, un lugar que si bien no podríamos llamar secundario, tampoco se le dio ni se le concedió la importancia que ocupaba de por si, por cuenta de su capacidad para llegar a un numeroso público, que por su entorno social y sus diversas circunstancias, no tenían acceso a otro tipo de lectura.

El cuento en sus variadas formas constituyó desde sus inicios, en nuestro ámbito cultural, la lectura preferida de los sectores populares, que gozaron con las creaciones de autores cuyo periplo recorre desde el golpe del cuento breve y hasta brevísimo, junto a un verdadero despliegue de formas diversas como el apólogo, el relato oral, la parábola, el epigrama y hasta el minicuento o minirrelato, formas que revelan la importancia de tales variantes en la reflexión textual.

Desde fines del siglo XIX cuando comienza a perfilarse su poética, el cuento latinoamericano ha ido evolucionando, ya desde la actitud selectiva del Modernismo, ya desde la necesidad documental del relato naturalista. Luego, a lo largo de todo el continente, dos generaciones de narradores criollistas y algunos a quienes bien podríamos nominar como postmodernistas –identificados en cierta medida con el vanguardismo, pautan con diversa fortuna literaria, su desarrollo y jalonan el itinerario del género. Por esa época aparecen algunos escritores de gran talento contándose entre ellos, al guatemalteco Rafael Arévalo Martínez (1884-1975) Y el valioso escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-l937) entre otros muchos, que inauguran la modernidad del cuento Latinoamericano.

Desde ese momento hasta la renovación que se produce al rededor de l940, los escritores de esta parte del mundo, crean una avalancha cuentística, donde se confunden temas y estilos, mientras las diversas tendencias y grupos fueron señalando el camino de su calidad literaria,
Calidad que se hace evidente en las creaciones de Jorge Luis Borges y Julio Córtazar, de Juan José Arreola y Juan Rulfo, de Alejo Carpentier y Virgilio Piñera, para señalar solo a unos cuantos y a un momento dado de la historia del cuento latinoamericano, calidad cuyo ímpetu ejerce gran influencia en la creación de los nuevos cuentistas que llegaron después del cual hace parte Pardo.
Al respecto quiero señalar como ejemplar, ese cuento cuyo título da nombre al tercer libro, La octava puerta, y el magnífico, Pasajero de sueños, en cuyo fondo son visibles los sobresaltos de la conciencia y la atmósfera densa en que se mueven sus personajes, a través de la honda sencillez de su lenguaje, características de esta etapa donde cada uno de esos cuentos crea el espacio que configura la voz narradora, y ésta la capacidad del juego, la gestualidad, los múltiples matices que dan forma y significado a las palabras, y estas a la totalidad de los cuentos.

Tradicionalmente se ha insistido en la doble vertiente en la narrativa latinoamericana del siglo XX: Vanguardismo y realismo en sus múltiples variantes: la corriente vanguardista, surge con los cambios sociales y las nuevas tendencias filosóficas y científicas anteriores a la primera guerra mundial: formas más dinámicas, expresión de lo subjetivo, trascendencia de lo real sensible, son las premisas de las expresiones que luego se configuran como cubismo, futurismo, dadaísmo, surrealismo, creacionismo y ultraísmo.

Estas novedades influyen en el cuento vanguardista latinoamericano—observa María Teresa Bella, poeta y crítica literaria mexicana y agrega: “El escritor intenta la expresión de una intuición poética de la realidad, no solo a través del estilo sino también de la estructura misma del relato; los personajes , distanciados de una realidad concreta, se revelan como símbolos; el tema y su formalización se precipitan hacia lo irracional y evanescente.” Los cuentos de Jorge Eliécer, no son ajenos a estas intentos, que como en la obra de la mayoría de los escritores de esta época, resultan positivas y contribuyen a la exploración de las conexiones que existen entre lo cotidiano y lo insólito.

Tal y como sucede en algunos personajes de Pardo, sobretodo en los de su primer libro, tal el periodista del cuento El abrigo, y el personaje apodado rockola, de su segundo libro, titulado muy acertadamente Las pequeñas batallas, ya que el valor literario que tienen estos cuentos es precisamente mostrar la trascendencia de lo que aparentemente no tiene importancia. Por ejemplo el relato titulado Rockola, narra los avatares de ese aparato para reproducir música, y a lo largo de la narración, el artefacto va adquiriendo una especie de autosuficiencia que le otorga características humanas, mientras sus dueños se van convirtiendo a su vez en máquinas cada vez más sumisas, hasta llegar a una especie de esclavitud ante las exigencias del aparato.

De aquí en adelante, los cuentos de la última época, exhiben la transparencia de una prosa límpida y de un estilo que cada vez cava mas hondo en la condición humana de los personajes, víctimas de la humillación, la violencia y la crueldad que son como una constante desde el libro Las primeras palabras, y sesgadamente en el titulado Amores digitales. Nos encontramos con un común denominador: una prosa ajustada y transparente, que bucea en el misterio de la vida, y cuyas descripciones siendo ajenas a cualquier concesión sentimentalista, plasman las emociones humanas, mediante el empleo de un lenguaje que se apoya en lo poético, y logra realizar la fusión entre realidad y lenguaje, cuestión bastante ardua de conseguir sobre todo en el espacio limitado del cuento.

Transeúntes del siglo XX, reúne 62 relatos, un trabajo que abarca una parte importante de la vida de un escritor, que además ha frecuentado la novela, y otros ejercicios literarios pone de relieve la importancia que la literatura ha jugado en su vida. Leyendo los cuentos de Transeúntes del siglo XX, se tiene la impresión de que su ámbito literario va dibujando en nuestra lectura la línea de una tensión que sabe hasta donde llegar; que sabe con quien trata en la soledad de sus indagaciones. Hay una pluralidad de voces asordinadas, de vacíos parlantes que delatan la soledad del propio ser dividido; se intuye la posibilidad de penetrar el mundo mediante un oficio riguroso que aúna el compromiso con la realidad y la preocupación formal del estilo y la estructura. En uno y otro caso, se puede detectar un tono de crítica social, velado en ocasiones por el hilo de una ironía que apunta al enigma de nuestro tiempo: el intento de descifrar la razón de esta maquinaria implacable que es la realidad y que en el caso de Jorge Eliécer Pardo no llega al escepticismo total, gracias a su talante de narrador que mantiene en alto su convicción de que escribir es un placer a su modo y en si mismo, cuando se es capaz de redondear una historia, que deje al espacio y al tiempo suspendidos entre la gama de registros literarios que el escritor moviliza. Y llegue a ese momento en que se advierte que el autor logra que la condición humana sea comprendida, y se comprueba que es entonces y sólo entonces, cuando el artista ha realizado su oficio.

Carlos Perozzo.
Novelista y dramaturgo colombiano

 
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