miércoles

100 Años de ONETTI - 1/7/2009

Con motivo del Centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti, reditamos una entrevista exclusiva realizada en Paris a MARYSE RENAUD en 1991.



La catedrática de la Universidad de Poitiers Maryse Renaud, que se considera martiniqueña a pesar de haber vivido en Francia desde su niñez, trabajó más de quince años en torno a la obra de Juan Carlos Onetti para concretar un ensayo de dimensiones extraordinarias en todo sentido. Hacia una búsqueda de la identidad, en efecto, publicado en dos tomos que suman casi 600 páginas, aporta a nuestro juicio una suerte de reflexión minuciosamente totalizadora que la obra de nuestro Premio Cervantes todavía estaba reclamando, sin desmedro de la numerosa bibliografía crítica de gran valor existente al respecto. Conversamos en París con Maryse Renaud, una hermosa mujer-muchacha poseedora de una vitalidad desbordantemente sanmariana, en ocasión de intercambiar ideas acerca de la traducción española de su tesis que realizamos por encargo de la Universidad de Poitiers y la editorial uruguaya Proyección.

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martes

EL CUENTO COLOMBIANO POST GARCÍA MÁRQUEZ

Introducción en español de la Antología de Cuentistas Colombianos, (Colombie a choeur ouvert), ver Blog, Antologías, publicada en 1991 en Francia, y de próxima aparición actualizada en México.

Antecedentes

El cuento en Colombia tiene indudablemente sus orígenes en los mitos y leyendas precolombinos. La tradición oral, que aún permanece en muchas comunidades colombianas, con sus juglares, cantadores y contadores, conforma el ancestro de un país cuya magia lingüística sobrepasa los esquemas de la lógica tradicional. Así, los chamanes, los brujos y los abuelos han legado en sus descendencias cuentos, historias, narraciones que en esta época siguen siendo relatados. A pesar de esta tradición, el desarrollo del cuento en Colombia tiene que estudiarse según las regiones del país. El sector norte, la costa atlántica, el Caribe colombiano, posee una cultura de exuberancia, de piratas, guerras, contrabando, magia, superstición, combinación de lenguas… población alegre, dicharachera, mamagallista. Por ello su música, su pintura, su literatura están cargadas del mágico encanto de ese entorno espacial y cultural. El llamado “realismo mágico” que Gabriel García Márquez entregó a la historia de la literatura universal, corresponde a la idiosincrasia del pueblo colombiano-caribeño. Sus obras no son gratuitas, son el reflejo (recreado) de esa oralidad de pescadores, contrabandistas, abuelas y tíos.

La zona antioqueña, el nororiente del país, llamada “paisa”, está conformada por hombres emprendedores que colonizaron gran parte del centro de Colombia. Negociantes, agricultores y en la época actual industriales y comerciantes, tienen un ancestro de oralidad que cabalga con los arrieros y con los abuelos. Es quizá el sector de Colombia cuyas tradiciones familiares y regionales son defendidas como factor determinante de la cultura. La mayor parte de la literatura del nororiente posee características amarradas a la tierra, a los pueblos y a las tradiciones que tienen mucho que ver con el legado español del honor, la honra y el trabajo.

El río Magdalena, que atraviesa de sur a norte la mayor parte del territorio colombiano, genera un tipo de cultura y literatura unida a las leyendas nacidas en el agua y recreadas por juglares y cantores. La historia del hombre que se volvió caimán, del Mohan, que enamora y se roba a las lavaderas para llevaras a su cueva en el fondo del río; la Madremonte que enloquece a los hombres; la patasola infiel que deambula por las montañas, son ejemplos de esa otra manera de fabular la realidad y que hace de la tradición oral un enjambre que antecede al cuento moderno en Colombia.

La topografía colombiana, con grandes montañas, la cordillera de los Andes, dividida en tres ramificaciones, los llanos orientales, con enormes extensiones de tierra inexplorada, las selvas vírgenes del Amazonas, Guainía, Guaviare, Vaupés, el océano Atlántico por el norte y el Pacífico por el occidente, la variedad de climas, la diversidad de productos y como consecuencia de alimentación, las distintas formas musicales (el vallenato en la costa atlántica, el pasillo y el bambuco en la zona central, el joropo en los llanos, la cumbia, en las dos costas, el porro, el tango y el bolero en la mayor parte del país), las disímiles entonaciones del español, las inconfundibles y particulares maneras de vestir, los oficios y entornos familiares, hacen de Colombia un territorio con enormes posibilidades culturales, sociales y políticas.

Una visión panorámica del cuento antes de García Márquez

El antecedente más inmediato de la cuentística colombiana se encuentra en El carnero de Rodríguez Freyle (1556-1640), en donde se narran distintos cuadros de la época colonial, con una gran picardía y una estructura novelada, a pesar de que los episodios tienen su propia significación. Las narraciones costumbristas llenan las páginas de los cuentos; a medida que el país se desarrolla la literatura testifica las relaciones sociales y culturales de Colombia. Nombres como los de José Joaquín Ortiz, José Manuel Groot, Eugenio Días, Ricardo Silva, Vergara y Vergara, Soledad Acosta de Samper, José Manuel Marroquin, Soto Borda, Manuel Rivas Groot, Efe Gómez, muestran este panorama con relatos de importancia. Pero es don Tomás Carrasquilla (1858-1940), la gran figura, el escritor que hace de los cuadros de costumbres la trascendencia literaria y social en la narrativa colombiana. Quizá sea este autor, junto con José Eustasio Rivera, Jorge Isaacs y Gabriel García Márquez, quien logra la universalidad, el amplio espectro latinoamericano y mundial.

Otros autores, anteriores a García Márquez, trabajadores del cuento como género son: Adel López Gómez, Tomás Vargas Osorio, Eduardo Caballero Calderón, Jorge Zalamea, Jesús Zárate Moreno, Hernando Téllez, Elisa Mujica, Arturo Laguado, Alberto Dow, Carlos Arturo Truque, Álvaro Cepeda Samudio.


Después de García Márquez

El propósito de la presente Antología es el de mostrar la producción cuentística colombiana moderna, partiendo de los autores contemporáneos de Gabriel García Márquez cuyo proceso creativo se encuentre en constante trabajo. El recorrido aporta al conocimiento del país, a las regiones principales de Colombia, a las temáticas y los estilos más diversos, pero finalmente acerca al lector al conocimiento no solo de la literatura latinoamericana sino a la particularidad de un sector en donde la violencia es el núcleo fundamental de su literatura.

El cuento de la violencia

Desde la invasión española Colombia ha tenido una historia de violencia. Algunas comunidades indígenas prefirieron exterminarse que entregarse al conquistador. La lucha por la independencia registró hechos memorables en donde el pueblo colombiano demostró su carácter de luchador. En la época de la República las guerras civiles llenan muchos años de la historia de este país.

En el presente siglo, la llamada “guerra de los mil días” tuvo incidencia en la literatura de Gabriel García Márquez, al igual que los movimientos sociales que conllevaron a la llamada “época de la violencia”. Los antecedentes se hallan en la huelga de los recolectores de banano, en el año de 1928, en la cual muchos campesinos fueron acribillados por el ejército colombiano, que defendía los intereses de la empresa norteamericana United Fruit Company. A este episodio de violencia política abierta y descarnada, se le conoce como “la matanza de las bananeras”, y ha sido tema de obras como Cien años de soledad, de García Márquez, y La casa grande, de Álvaro Cepeda Samudio.

En 1948 fue asesinado en las calles de Bogotá el líder popular Jorge Eliécer Gaitán (defensor de los campesinos de las bananeras). Este hecho generó un enfrentamiento entre los dos partidos tradicionales colombianos: el liberal y el conservador.

Los historiadores calculan que en esta guerra civil no declarada hubo cerca de 300 mil muertos. Campesinos, obreros, estudiantes, sectores populares en general fueron los más golpeados por la violencia institucionalizada. Los conservadores, en el poder político, y los liberales, en la oposición, a través de sus dirigentes tradicionales, avivaron la hoguera para que el pueblo se exterminara mutuamente en una guerra sin principios ideológicos. El color rojo (de los liberales) y el azul (de los conservadores) fueron los factores motivantes de este genocidio. De esta guerra se generaron los movimientos populares revolucionarios orientados por el Partido Comunista, grupos que, junto con otros más recientes, aún permanecen en la disidencia política. Cuando los asesinatos aumentaban, los dirigentes tradicionales decidieron llevar a cabo un plebiscito en el cual se alternarían en el poder cada cuatro años, en lo que se llamó el “frente nacional”. Existe, entonces, una generación de escritores que vivió la violencia política de los años 50, otra que es posterior o producto de esa violencia, y una tercera que vive la violencia contemporánea del país: la mafia, el narcotráfico, la represión estatal, la miseria y la tortura.

Dentro de este panorama se ha inscrito la Antología. Generacionalmente podemos decir que existe un primer grupo de escritores que pasan ya por su etapa de madurez; un segundo, intermedio, que no sobrepasa los 45 años; y un último, de los más jóvenes, que apenas inician un recorrido talentoso por la literatura.

La violencia es, entonces, el núcleo de este libro. Manuel Mejía Vallejo, en su cuento La venganza nos narra, desde su visión de antioqueño, la historia de un hombre que busca a su padre para matarlo; García Márquez, en Un día de estos, nos relata una sutil historia de violencia contada desde un dentista amenazado por el alcalde militar de un pueblo; Eutiquio Leal nos entrega la visión de los guerrilleros, los luchadores de las montañas, en su Bomba de tiempo; Arturo Alape nos da su testimonio en el relato Yo me llamo valor, en el cual la lucha revolucionaria se encuentra desarrollada en un lenguaje coloquial, campesino; Germán Santamaría nos narra la vida de una mujer en medio de la represión y la violencia en el campo, en su historia Una mujer para la segunda madrugada; Jairo Aníbal Niño, en un lenguaje directo y contundente, cuenta una persecución, con toda la violencia que puede albergar el amor y la muerte, en su relato La fuga; Justiniano Miranda, el cuento de Policarpo Varón, comporta en sí el recuerdo de la violencia, del pueblo y de la nostalgia; Héctor Sánchez, en Los inquilinos, nos muestra el deterioro de los inquilinatos, el surrealismo, la miseria y el abandono; Oscar Collazos nos narra la vida de la prostitución, producto de la violencia, en Jueves, viernes y sábado y este sagrado respeto; Ramón Illan Bacca reflexiona acerca de la violencia contra jueces, el mundo del contrabando, la droga y la muerte, en Marihuana para Goering, al igual que la intervención extranjera; Benhur Sánchez recrea el proceso de industrialización del país, la explotación de la técnica y la injerencia norteamericana en su relato de añoranza Hasta mañana, tío; Roberto Burgos fabula la historia de la explotación y la violencia de los reinados de belleza, la utilización de la mujer, en Era una vez una reina que tenía; el mar, una historia de marinos y muerte en la venganza, es igualmente fabulada por José Luis Garcés, en Una noche alta y el titilar de las estrellas; los conflictos urbanos y psicológicos, con referencias culturales, se hallan en Jorge Eliécer Pardo, en El amante de Sara, al igual que en Hubo una vez la noche, de Carlos Orlando Pardo; el erotismo se entremezcla con la literatura en el cuento de Milciádes Arévalo, Fuegos de luna; la nostalgia del pueblo y el pasado se encuentra en la narración Para decirle adiós a mamá, de Darío Ruiz Gómez; una historia de adolescentes con amor y frustración, en el cuento de Fanny Buitrago, Tiquete a la pasión, la cotidianidad y el deterioro en De una a dos en el bar, de Sonia Truque; la muerte también ronda en Destinos fatales de Andrés Caicedo, como en la recreación de un tema del cine y la literatura, en Evelio José Rosero, en Muerte y meditaciones de un hombre-lobo que se enamoró de su víctima; de la misma forma el ambiente de los cuentos y fábulas se halla en la historia de La silla que perdió una pata, de Triunfo Arciniegas; La neurosis de Dios, de Juan Carlos Moyano, divaga en la violencia y la filosofía al igual que en Las alas del sombrero de Jaime Echeverri; El verano de Helena Araújo, y Los abandonos, de Rodrigo Parra Sandoval, hacen referencia a la cultura univeral, en una recreación de nostalgia y amor; con esta misma significación podemos leer el cuento de Pedro Gómez Valderrama, Las músicas del diablo.

Otros autores

El imposible, en un libro, incluir todos y cada uno de los autores cuya importancia es innegable, por ello registrar sus nombres es de impositiva obligación:Manuel Zapata Oliveia, José Ramón Mercado, Jairo Mercado, Humberto Rodríguez Espinosa, Humberto Tafur, Armando Romero, Luís Fayad, Umberto Valverde, Marco Aguilera, Gustavo Álvarez, David Sánchez Juliao, Leopoldo Berdella, Jaime Manrique Ardilla, Fernando Cruz, German Espinosa, Plinio Apuleyo Mendoza, Alonso Aristizábal, Antonia Mora Vélez, Julián Sema Arango, Joaquín Peña, Carmen Cecilia Suárez, Harold Kremer, Cesar Pérez, Manuel Giraldo Magil, Carlos Perozzo, Celso Román, Hernán Toro, Germán Cuervo, Ignacio Ramírez, Gustavo Reyes, Jorge Gomes, Hugo Niño, Nelson González Ortega, Camilo Pérez, Mateo Cardona, Alba Lucía Ángel, Carlos Bastidas, José Chalarca, Luís Ernesto Lasso, Hugo Ruiz, Eduardo Santa, Fernando Soto Aparicio, Nicolás Suescún, Guillermo Tedio, Oscar Castro, Consuelo Triviño.

domingo

MARIO BENEDETTTI (1920-2009) - EL ABRAZO QUE IMPORTA

Conocí a Mario Benedetti integrando la Mesa de Escritores del Frente Amplio en 1971,
y me acuerdo que un día iba a bajar de un ómnibus frente al Palacio Salvo y alguien que estaba parado en el pasillo me tocó suavemente la nuca desde atrás y sonrió.
Era él. Un hombre-mito ya idolatrado saludando a un botija con un cariño sin tiempo, para hablarlo en Paco Espínola.
Yo lo había leído apasionadamente en mi primera adolescencia y ahora ya había pasado a ser un onettiano de capilla, aunque siempre me ayudó aquella lección oficinesca de usar sin miedo un lenguaje popular considerado indecente o vulgar por el maldito academicismo.
Y fue gracias a ese fuego que para mí, como escritor, nunca existieron las buenas o las malas palabras. El estrellerío literario está formado por símbolos que brillan sin rigidez de semáforos sociales.
En 1985 Joan Manuel Serrat presentó en el Estadio Centenario El sur también existe y era casi imposible entrevistarlo, pero una señora recién desexiliada me ayudó a versear a un cuidapuertas y mientras escuchaba ensayar al catalán en la mitad de la cancha con un grabadorcito abajo del brazo vi unos bigotes que en el 73 no eran grises y Mario debe haber visto una calva y una barba que doce atrás años no existían y levantó los brazos ipso facto.
Entonces corrimos los dos a abrazarnos entre el sol horizontal, a pesar de que nunca habíamos sido profundamente amigos.
Ahora a él le llegó otro abrazo que voy a definir con dos versos que Juan Carlos Macedo esculpió sobre la piedra: Porque sólo la muerte construye / la espesura del amor.
Los que importan son los gestos que nos iluminan a corazón abierto.

H.G.V.

jueves

26 / OLVER


Tomado del Capitulo 26 de la segunda parte del libro "El taller de la Vida/Confesiones" de Hugo Giovanetti Viola.
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El Profesor de La Sorbonne y antólogo Olver Gilberto De León empezó a ser nombrado en el Uruguay después de un importantísimo coloquio sobre el cuento que se realizó en París en el 80.
Hasta Onetti viajó para adherirse a la resistencia cultural internacional, y una noche estaban comiendo una lasagna que le prepararon especialmente y preguntó si se podía localizar a Cortázar y el mosquetero fue hasta el restaurant y se sacaron las ganas de apretarse los huesos.

Este abrazo quedó muy bien contado en Itinerarios, la primera parte ya estrenada en Francia y Uruguay de una serie documental que empezó a elaborar Álvaro Moure Clouzet en 2005, y que realmente extrae la esencia del trabajo casi quijotesco que viene cumpliendo Olver desde que se exilió en París a mediados de los 70.

Y como decir quijotesco para mí siempre es grave, aclaro que la hipnosis de la película logra transparentar una soledad de acción docente y crítica y gestionaria que no fue remolineada al carajo por el espejismal encantamiento de ningún moulin pero duele peor.

Parece como si Olver Gilberto De León, Maître de Conférences à l’Université de Paris-Sorbonne, Paris IV, siguiera vendiendo pan descalzo en San Carlos igual que en su infancia y el establishment se dignara nada más que a homenajearlo de vez en cuando y sonriera murmurando: Siga metiendo los tobillos en el barro, profesor, porque si usted no reparte estos pedazos de arte quedan todos tirados.

A mí me llamó por teléfono desde Buenos Aires en el 84. Saúl le había pasado el número y él todavía no podía entrar al Uruguay y se ofreció a ayudarme a colocar en París una colección de autores nacionales y recién nos conocimos personalmente cuando se reinstauró la democracia.
Y al otro año me escribió comentándome Morir con Aparicio y sentí que aquel hombre era capaz de verle el alma a un libro igual que si tuviera un tercer ojo constitutivo capaz de ordenar los paisajes, para hablarlo en García Lorca.

Y como la falsa modestia es peor que la vanidad informo que el viernes 24 de noviembre de 2006, en la Semana de Cultura de Uruguay organizada por La Sorbonne y con la presidencia de Milagros Ezquerro, responsable de los Seminarios de América Latina, y la participación de Claude Couffon, Maryse Renaud, Jean-Philippe Barnabe, Roger Guggisberg, Fernando Ainsa y Juan Carlos Mondragón, se eligió homenajear a cinco escritores contemporáneos uruguayos: Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Marosa Di Giorgio, Enrique Amorin y un servidor.
Y le correspondió a Olver Gilberto De León disertar sobre Morir con Aparicio, que viene utilizando como texto de estudio en los cursos de Literatura Hispanoamericana que dicta en Paris IV / Sorbonne y Paris XII / Créteil desde los años 90.

Algunos podrán pensar que parezco Ana Monterroso diciéndome a mí mismo Date corte, Juan Antonio, pero me importa un pito.

Esto no es un asunto de elecciones amiguistas sino de consensos universitarios, y si tomamos en cuenta nada más que las tres antologías de mayor peso publicadas por Olver desde el 80, encontraremos incluidos a Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Cristina Peri Rossi, Enrique Estrázulas, Eduardo Galeano, Fernando Ainsa, Matilde Bianchi, Tarik Carson, Mario Levrero y Tomás de Mattos, aparte de Saúl Ibargoyen, Daniel Bentancourt y Ricardo Prieto, que aparecerán en la segunda antología del cuento negro y policial.

Y lo que nunca va a entender la mayoría de la gente que viaja en la bodega del barco cultural es que no se puede prohibirle la exploración de la intemperie a los que creen en el estrellerío soñado por sus entretelas. Van a escaparse de cualquier manera y a volver con noticias del maná.

En el borde del camino hay una silla / la rapiña merodea aquel lugar / la casaca del amigo está tendida / el amigo no se sienta a descansar, le gusta aullar a Olver con una voz más finita que la de Silvio Rodríguez: Sus zapatos de gastados son espejos / que le queman la garganta con el sol / y a través de su cansancio pasa un viejo / que le seca con la sombra el sudor.
Pero eso es cuando toma demasiado vino. En este momento está internado en París, posiblemente muy grave, y sé que tiene paz.

Hace poco le escribió en un mail a un locutor radial de Maldonado: Yo en mi niñez aprendí a conocer a la gente y a la muerte con naturalidad. A mí lo que me interesaba eran los personajes del pueblo, los que no tenían para comer pero sabían reírse.
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Otros artículos relacionados con Olver de León, por Guillermo Lopetegui (click aquí), o los publicados en la Revista Vericuetos (click aquí), Efer Arocha (click aqui), Fernando Ainsa (click aquí).
Ud. puede
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domingo

Entrevista a CLAUDE COUFFÓN



Segmento de ITINERARIOS 3, una extensa entrevista al antólogo, traductor y poeta, Prof. Claude Couffón, por parte del Prof. Olver de León.
Traducciones, antologías y anécdotas de dos destacados gestores de la cultura Latinoamericana en Paris.



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CUENTOS CORTOS 6.0


Selección de "Cuentos Cortos 6" de Itinerarios - Anexos (LEER - click aquí)

lunes

LITERATURA DE LOS AZTECAS


JUEGO DE PELOTA FUNESTO

Juega a la pelota Huémac; juega con los dioses de la lluvia y de la tierra.
Le dijeron los Tlaloque: ¿Qué ganamos al jugar?
Huémac responde: - Mis jades, mis plumajes de quetzal.
Luego los dioses dijeron: - Eso mismo ganas tú: Nuestras verdes piedras finas, nuestras plumas de quetzal.
Ya juegan a la pelota: Huémac el juego ganó.
Ya vienen los dioses a cambiar lo que han de dar a Huémac: en vez de plumas de quetzal, le dan mazorcas tiernas de maíz, en lugar de plumas finas, le dan mazorcas con verde hoja, con lo que dentro contienen.
Huémac recibir no quiso: - ¡ No es eso lo que aposté! ¿No eran jades?
¿No eran plumajes de quetzal?
¡Eso quitadlo de aquí!
Dijeron los dioses: - Bien, dadle jades, dadle plumas. Y tomaron sus dones y se fueron llevando sus tesoros.
Y en el camino decían: - Por cuatro años escondamos nuestras joyas: hambre y angustia han de sufrir.
Y cayó hielo tan alto que a la rodilla llegaba; se perdieron los sustentos y en pleno estío cayó hielo. Y tal era el ardor del sol que todo seco quedó:
árboles, cactos, agaves, y aun las piedras se partían estallando ante el reverbero del sol.


RESTITUCIÓN BONDADOSA

Pasados los cuatro años de que el hambre reinaba en ellos, allá por el Cerro de las langostas (Chapultepec), aparecieron los dioses de la lluvia. Allí donde el agua se extiende. Y en el agua fue subiendo una mazorca tierna; el sustento.
Un tolteca que estaba allí cuando vio aquella mazorca con ardor se abalanzó a ella y la tomó y comenzó a morderla.
Sale del agua el dios que da las provisiones (Tláloc), y le dice:
-¿Sabes tú qué es eso?
-¡Bien que lo sé, oh dios mío, pero ha tanto tiempo que lo perdimos!
Siéntate y espera allí: voy a hablar yo con el rey. Se hundió en el agua y a poco del agua emergió trayendo una brazada de mazorcas tiernas. Y dijo:
-Anda, hombre; tómalas y velas a dar a Huémac.

domingo

Cuentos Cortos 5.0


Selección de "Cuentos Cortos 5" de Itinerarios - Anexos (LEER - click aquí)

lunes

El Tío de la Mina - Víctor Montoya



Charla con el escritor boliviano Víctor Montoya, en torno a la figura del "Tío" en la mitología andina.
Créditos: Dirección, cámara y edición: Yarko Rhea
Invitado: Jose Romero




Selección de textos breves del escritor boliviano Víctor Montoya, sobre la deidad con forma de diablo conocida como El Tío.
Guión y Realización: Pedro M. Martinez

(LEER "El Tío de la Mina" de Víctor Montoya - click aquí)

domingo

Cuentos Cortos 4.0

Selección de Cuentos Cortos 4 de Itinerarios - Anexos (LEER - click aquí)

AUGUSTO ROA BASTOS / SAÚL YURKIEVICH

REVUE IBÉRICA - Les Cahiers N° 1. Literaturas Iberoamericanas del Siglo XX, Publication du Conseil Scientifique de l'Institut d'Études Ibériques et Latinoméricaines,Editions Hispanques, Paris-Sorbonne, 1983

- UNA LITERATURA SIN PASADO - LA NARRATIVA PARAGUAYA EN EL CONTEXTO DE LA NARRATIVA HISPANOAMERICANA ACTUAL - Augusto Roa Bastos (LEER - Click aquí)

- EL RELATO LIMÍTROFE (ENTRE CANTO Y CUENTO) EN LA OBRA DE OLIVERIO GIRONDO - Saúl Yurkievich (LEER - click aquí)


Nota: Actas del Coloquio Internacional del Cuento Latinomericano, Paris-Soborna, 1980. (Ver BLOG - Coloquios/Cuento Latinomericano).

Al "clickear" sobre el nombres de los autores, podrá acceder a otros títulos en Amazon

sábado

Cuentos Cortos 3.0


Selección de Cuentos Cortos 3 de Itinerarios - Anexos (LEER - click aquí)

domingo

POETAS CENTROAMERICANOS Y DEL CARIBE


Hace unos meses habíamos comenzado, la publicación de algunos poemas, cuyo denominador común es el dolor de la Patria, la rabia, el dolor, la geografía...(LEER Panamá) que hoy continuamos. Todos estos poemas han sido publicados en la: "Antología de Literaturas Ibéricas y latinomaericanas contemporáneas" (ver BLOG / Antologías ), y han sido en diferentes oportunidades objeto de estudio de estudiantes, profesores, y público en general.

Olver Gilberto De León.
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sábado

Cuentos Cortos 2.0

Selección de Cuentos Cortos 2 de Itinerarios - Anexos (LEER - click aquí)

martes

ATAHUALPA YUPANKI por Hugo Herrera

Héctor Roberto Chavero era el nombre con el que lo anotaron un treinta y uno de enero de mil novecientos ocho en el caserío del Campo de la Cruz, al lado de la estación de cargas, en los campos del Pergamino, en la provincia de Buenos Aires. Un siglo, por estos días.

En esas pampas, treinta años antes, los nuevos fusiles habían dado cuenta de las poblaciones indias. La Civilización, decían, acababa con la Barbarie. Las infinitas extensiones de praderas, tal vez las más feraces del planeta, se dividían entre pocas decenas de familias propietarias, de Buenos Aires y entre coroneles que habrían ganado tal guerra. Se alambraba con aceros ingleses y la tierra, a la que nadie había ayudado para que exista, como tampoco al agua, o al aire, se transformaba en prisión para peregrinos solitarios, los gauchos, y en lugar de esclavitud para los derrotados, los indios sobrevivientes.

Pero estos, unos y otros, habían dado a esa tierra su sangre para que esa vaga idea que llamamos Patria se convirtiera en palabra. Entre estos estaban los Chavero. El padre de Yupanki, aunque jinete y domador, se volvió gaucho de a pie. Como mi abuelo o mi padre.

La certeza de que el aire –o el viento- no tienen dueño, que el agua no es de nadie o de todos y que la tierra, por ser más vieja que nosotros, no nos pertenece, se le metió a Yupanki en su pensamiento de hombre artista desde sus primeros años.

Aquel gaucho de a pie, su padre, como sus ancestros, fue andariego, pero él, de las vías: ferroviario mutado al Tucumán.

De su infancia y primera juventud, de horizontes redondos e inalcanzables, de infinitos señalados con la mano, del hombre sojusgado y la quietud de su dolor, Yupanki guardaría el misterio en su guitarra y en sus versos cantados por milonga. De su norte nuevo con sus montes y montañas, ya en su entera juventud ¿ quién no lo sabe? le daría a las vaquitas de otros su valor en penas de hombre; y a las lunas románticas del Tucumán y a sus leves ríos y a los caminos sin llegadas, les daría en sus poemas la calidad de espejo al cañero postergado, aquel que devuelve la esperanza de vivir un día más, con su noche y su descanso y tal vez un hijo y, en el sueño, olvidar el temor del día que viene.

Pero su canto amado por la Gente, tendría también otras orejas y otras voces, esas de mando que interpretan “la órden vertical no se discute”. Y en los años de la infamia compartió el penal con otro “chino”, como él, mi padre. Diez años después, el país rico, la confusión social, distributiva, al menos, y el latifundio intacto. De nuevo la prisión para el Cantor y el culatazo del fusil, que no enmudece la voz pero ensilencia las manos. Y el destierro.

Mientras decenas de miles de personas que lo habían amado a través de la radio, o en cuartillas difundidas en ingenios o en boliches, subían en camiones para honrrar al alto Jefe, Yupanki se rajaba. Lo rajaban. Se iba.

Empero, el mundo lo acogió, pero no pudo restañar tantas heridas. Desterrado, llegó a Paris. Las relaciones entre la gente, son fáciles después de una tragedia y allí se había dejado atrás la guerra. Tal vez por eso, una noche, después de alguna farra entre amigos en la que Yupanki cantó sus cosas, uno de esos amigos, Paul Eluard, lo llevó, casi a la rastra, en su Ford 8, ayudado por los otros de la banda, Aragon, Guillevic, Vercors, Perec ... los resistentes y los surrealistas ¡qué banda! hasta el teatro del Athénée donde cantaba Edhit Piaff. Y el Gorrión de Paris, la ninfa egeria de un tiempo de utopías, le tomó la mano y lo presentó a su público. Y el tocó su guitarra y cantó. Desde esa noche, Paris lo amó y el amó a Paris. Con esa “banda” y con el forocho cargado con botellas de vino, fueron al norte de Francia a cantarle a los mineros del carbon y a sus familias, y, con ellos, escribieron versos e hicieron canciones.

Volvió a su tierra (La tierra, como él diria) años más tarde. Pero al Uruguay, histórica patria de exilados argentinos y desde allí, tiempo después, cruzó el río. Al llegar cantó “Las preguntitas”: “Padre, qué sabe de Dios [...] Solo sé que el almuerza en la mesa del patron”. Patéticamente lógico, le tocó volver al exilio

Pero esta vez su exilio fue más breve. Porque, a pesar de la desvergonzada revancha de las derechas argentinas contra el peronismo derrotado, hubo algunos elementos que catalizaron el rencor, al menos en los tiempos artísticos. Y él, nunca peronista, volvió a la radio: a radio el Mundo, por entonces la más alta difusión en habla hispana, y en sus nuevas giras por el país renovó viejos amores con la gente y se hizo conocer por los más jovenes. Allí estaba yo.

Tendría yo diecisiete años cuando me dijeron en la peña folclórica de Arias, mi pueblo, por entonces, “viene Yupanki, preparate porque tenés que hacerle la primera parte”. Emocionado e inconciente, yo me preparé. Dije algún poema mío, alguno de Yamandú Rodriguez, y terminé con “Libertad”, de Paul Eluard. Atahualpa me saludó y yo me fui a llorar a solas. Luego saludó a mi padre, se miraron largo entre ellos y al final, un apretón de manos, un abrazo y un “como andas, yo bien y tu”. Fue todo.

Luego la Argentina rodó, el tiempo rodó, todos rodamos –algunos por tierra.¡ Aún la tierra!- Y en ese rodar terrible a mi me tocó caer en Francia. Y aquí, en Paris, volví a encontrar a Atahualpa y él fue mi amigo solidario durante muchos años, y yo fui su amigo, entre pocos, ya que él era, a pesar del encanto personal y su humor sarcástico, un paisano sigiloso y chúcaro. Hombre de muchos amores, pero de pocos amigos.

Junto a él, con mi mujer frecuentamos a Nenette, su esposa, hasta que una tarde, raramente bella y triste, asistimos, en su modesto departamento de la calle Raimond Losserand, de Paris, donde también estaba su amigo y guitarrista Pedro Soler, a una ceremonia de responso a aquella, que había muerto en Argentina algunos días antes. Yo traté de decir, en ese momento, alguno de aquellos poemas de mi primer encuentro ya evocado. Mas no pude.

Conocimos, más tarde, en aquella soledad de Don Ata, ya viejo y enfermo, a quien sería su última compañera, “Jacó” Rossi, en cuyos brazos moriría el poeta, en la madrugada del 24 de mayo de 1992, en Nimes, ciudad romana del sur de Francia, después de su postrera actuación, que, sin embargo, no tuvo lugar, aunque el estuvo en el teatro, saludó a su público, pero no tocó su guitarra, ni cantó, ni contó, tal vez para ahorrarnos el dolor del adiós.

Pantin, abril de 2008.

Hugo Herrera
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Nota:
c)Ver-click aquí: Entrevista a Atahualpa Yupanki realizada en el programa televisivo "A fondo" de Joaquín Soler Serrano para la Televisión Española (click aqui para ver)

 
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