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jueves

CARLOS MENESES CÁRDENAS (Perú)


EL JUEGO DE SER MADRE


La madre se quitó el ojo derecho y fue a venderlo. Envió el producto de la venta por correo urgente y esperó ansiosa, las noticias. Tiempo después recibió una carta escueta en la que pedía
más dinero. Vendió su pierna izquierda y todo su cabello castaño desteñido, envió apresuradamente el dinero y esperó. La respuesta llegó con retraso, en realidad, no fue una respuesta sino un nuevo mensaje de clamorosa necesidad. Salió inmediatamente a la calle y, ofreció su pecho escuálido y, como cobró una miseria vendió también sus antebrazos y algunas de sus gastadas vértebras. El dinero íntegro salió ese mismo día. Pasaron semanas hasta que llegó
un nuevo mensaje desesperado que movilizó a la anciana que ofreció, entonces, su vientre, su flaca y encorvada espalda, sus clavículas y la frente, quiso vender su ternura y su esperanza, pero no le fueron aceptadas en ninguna tienda. El envío fue hecho de inmediato y,como de costumbre, hubo de esperar meses antes de tener noticias y, cuando llegaron, fueron las de siempre.Vendió su naríz, sus labios, su cráneo, su viejo e inútil sexo, su mano izquierda, y le rechazaron por falta de atractivos, su memoria.Estaba segura de que ahora si lo lograría y, cuando tras varios meses de esperar llegó una nueva carta, supo que las cosas habían mejorado.Pero que aún faltaba mucho camino por recorrer y, como siempre, no le quedaba ni una sola moneda. Se quitó el ojo izquierdo, la pierna derecha, sus caderas desvanecidas, la arqueada columna vertebral, el corazón , el último suspiro, y suplicó que enviasen el producto de la venta.


Al día siguiente llegaba un alborozado telegrama, madre, no envíes más dinero, he triunfado.

LUIS BRITTO GARCÍA ( Venezuela)











LA CANCIÓN

Adiós, pájaro de precio
que me brindaste tu trino
Para ti queda la jaula
para mí queda el camino.

Deliró todo el tiempo.Delirios en los que entraban pesadillas
con las formas de los órganos que habían sido tocados por los
lanzazos.

Agua de tinajero, que aleja las fiebres. Si muere, el alma volverá
siempre a este pueblo con las lluvias.

Me dio el soroche y me dio la fiebre en medio del hielo y todo
eso era patria. Patria es donde uno pisa, dijo el abuelo.

Antes de morir, el abuelo Macedonio Luque dijo tráiganme una
guayaba. Yo tardé lo más posible en arrancar del jardín esa guayaba
porque sabía que en arrancándosela se iría el abuelo.

Cuando nos expulsaron de las tierras que le habían prometido al abuelo por sus servicios en Ayacucho, le encomendé a mamá el
pedazo de papel descolorido con los grados y los ascensos, le encargué que lo cuidara, que a mi regreso lo tuviera.

Dejé familia, al azar de los caminos. Tomaba rumbo para donde oía
las canciones.

Di en cantar. Desprecié los copleros que me retaron.Dirigí el
alazán en busca del padre de todas las canciones.

El padre de todas las canciones hace tiempo que se me huye.
Le doy cita en las fiestas, en las peleas, en las coplas, que vuelan
más rápido que los pájaros.

Al padre de todas las canciones lo encontré al fin después de
tantos años. Estaba tan viejo, que su voz ya no sonaba.

Lo clavé de un lanzazo contra el arpa, por rencor de no haber oído
la canción tan hermosa con la que hubiera podido vencerme.

Yo canté contra mí, pero mi voz daba odio. Cabalgué con las montoneras; y maté tantos hombres, por ver si era la del dolor
la canción más hermosa entre todas.

Me dejé aprisionar, por saber si la voz, al tratar de escapar,de
la canción más hermosa entre todas.

Tuve tantas mujeres, por saber si la canción que se olvida es la más hermosa entre todas.

Renuncié a la memoria, por saber si la canción que se olvida es la más hermosa entre todas.

Supe, al final, que se estaban yendo las canciones.

Las canciones se iban por temor de que yo pudiera encontrar la más hermosa entre todas, que les avergonzara y las empequeñeciera.

No volvía a cantar más, y morí de pesadumbre.

CÉSAR FERNÁNDEZ MORENO (Argentina)







LA GIOCONDA



Supo que había un cuadro maravilloso llamado la Gioconda. Pero quería descubrirlo por sí solo. Se dedicó, desde muy joven, a ignorar la historia y la geografía.Un día partió a recorrer mundo en busca del fabuloso cuadro.Recorrió tiempos y cuidades, entró en palacios y mesones, agotó galerías agobiadas de cuadros magníficos.Pero ninguno era la Gioconda.

Muchas veces estuvo por abordar a los guías y preguntarles de una vez dónde hallar el soñado cuadro.¡ Era tan sencillo que lo tomaron de la mano y lo condujeron hasta dejarlo frente a ese mar !

Pero siguió buscando por sí solo. Amó a varias mujeres cuyos ojos le parecían los de la Gioconda. Luchó con hombres en cuyos labios presentía la sonrisa de la Gioconda.

Llegó un momento en que el mundo ya no tenía secretos para él.

Pero nada sabía aún de la Gioconda. A la sazón, había llegado a Florencia y principios del siglo XVI.

Entonces, desesperado, pintó la Gioconda.

 
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