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lunes

LITERATURA DE LOS AZTECAS


JUEGO DE PELOTA FUNESTO

Juega a la pelota Huémac; juega con los dioses de la lluvia y de la tierra.
Le dijeron los Tlaloque: ¿Qué ganamos al jugar?
Huémac responde: - Mis jades, mis plumajes de quetzal.
Luego los dioses dijeron: - Eso mismo ganas tú: Nuestras verdes piedras finas, nuestras plumas de quetzal.
Ya juegan a la pelota: Huémac el juego ganó.
Ya vienen los dioses a cambiar lo que han de dar a Huémac: en vez de plumas de quetzal, le dan mazorcas tiernas de maíz, en lugar de plumas finas, le dan mazorcas con verde hoja, con lo que dentro contienen.
Huémac recibir no quiso: - ¡ No es eso lo que aposté! ¿No eran jades?
¿No eran plumajes de quetzal?
¡Eso quitadlo de aquí!
Dijeron los dioses: - Bien, dadle jades, dadle plumas. Y tomaron sus dones y se fueron llevando sus tesoros.
Y en el camino decían: - Por cuatro años escondamos nuestras joyas: hambre y angustia han de sufrir.
Y cayó hielo tan alto que a la rodilla llegaba; se perdieron los sustentos y en pleno estío cayó hielo. Y tal era el ardor del sol que todo seco quedó:
árboles, cactos, agaves, y aun las piedras se partían estallando ante el reverbero del sol.


RESTITUCIÓN BONDADOSA

Pasados los cuatro años de que el hambre reinaba en ellos, allá por el Cerro de las langostas (Chapultepec), aparecieron los dioses de la lluvia. Allí donde el agua se extiende. Y en el agua fue subiendo una mazorca tierna; el sustento.
Un tolteca que estaba allí cuando vio aquella mazorca con ardor se abalanzó a ella y la tomó y comenzó a morderla.
Sale del agua el dios que da las provisiones (Tláloc), y le dice:
-¿Sabes tú qué es eso?
-¡Bien que lo sé, oh dios mío, pero ha tanto tiempo que lo perdimos!
Siéntate y espera allí: voy a hablar yo con el rey. Se hundió en el agua y a poco del agua emergió trayendo una brazada de mazorcas tiernas. Y dijo:
-Anda, hombre; tómalas y velas a dar a Huémac.

sábado

LITERATURA MAYA


II) LA CREACIÓN DEL MUNDO, DE LOS ANIMALES, DE LAS PLANTAS Y DEL HOMBRE.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo: - ¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, y tú Raxá-Caculhá!
- Nuestra obra, nuestra creación será terminada - contestaron.
Primero se formaron la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.
Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida dentro del agua.
Así fue como se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.
Luego hicieron a los animales pequeños del monte, los guardianes de todos los bosques, los genios de la montaña, los venados, los pájaros, leones, tigres,serpientes,culebras, cantiles (víboras), guardianes de los bejucos.
Y dijeron los Progenitores: - ¿Sólo silencio e inmovilidad habrá bajo los árboles y los bejucos? Conviene que en lo sucesivo haya quien los guarde.
Y así dijeron cuando meditaron y hablaron en seguida.
Al punto fueron creados los venados y las aves. En seguida les repartieron sus moradas a los venados y a las aves. - Tú, venado, dormirás en la vega de los ríos y en los barrancos. Aquí estarás entre la maleza, entre las hierbas; en el bosque os multiplicaréis, en cuatro pies andaréis y os sostendréis -. Y así como se dijo, se hizo.
Luego designaron también su morada a los pájaros pequeños y a las aves mayores: - Vosotros, pájaros habitaréis sobre los árboles y los bejucos, allí haréis vuestros nidos, allí os multiplcaréis, allí os sacudiréis en las ramas de los árboles y de los bejucos -. Así les fue dicho a los venados y a los pájaros para que hicieran lo que debían hacer, y todos tomaron sus habitaciones y sus nidos.

Continurá

viernes

LA LITERATURA DE LOS GUARANÍES II


LA CREACIÓN ( Segunda parte)

Nuestro Primer Padre está por internarse
en las profundidades del paraíso;
en vista de ello así habló:
- Solamente tú, Karaí Ru Ete,
las hileras de llamas inasequibles en que yo me inspiro
las harás vigilar por intermedio de tus hijos,
los Karaí valerosos.
Por consiguiente,
haz que ellos se llamen "los Señores dueños de las llamas".
Dí: "Ellos vigilarán aquello que ha de producir el ruido de crepitar de llamas".
Cada primavera haz que se solivien las hileras de llamas para que escuchen el ruido de crepitar de llamas los bien amados que llevan la insignia de la
masculinidad, y las bien amadas que llevan el emblema de la femenidad.

Después de estas cosas, dijo a Jakaira Ru Ete:
- Bien, tú vigilarás la fuente de la neblina
que engendra las palabras inspiradas.
Aquello que yo concebí en mi soledad,
haz que lo vigilen tus hijos
los Jakaira de corazón grande.
En virtud de ello que se llamen
"Dueños de la nieblina de las palabras inspiradas",
dí a ti mismo.

Después de estas cosas,
a Tupá Ru Ete le habló en esta forma:
- Tú tendrás a tu cargo el extenso mar
y las ramificaciones del extenso mar en su totalidad.
Yo haré que tú te inspires en las leyes
mediante las que se refrescará la divinidad.
Por consiguiente
tu enviarás repetidamente a la morada terrenal
por intermedio de tus hijos los Tupá de corazón grande,
aquello que refresca,
para nuestros bien amados hijos,
nuestras bien amadas hijas.

El verdadero Padre Ñamandú, el Primero
estando por hacer descender a la morada terrenal
la ciencia buena para las generaciones
de los que llevan la insigna de la masculinidad,
el emblema de la femenidad,
a Jakaira Ru Ete dijo:
- Bien, en primer lugar,
alojarás en primer lugar en la coronilla
de nuestros hijos y nuestras hijas
la neblina (vivificante).
Cada vez que retorne la primavera
harás circular, por intermedio de tus hijos,
los Jakaira de corazón grande,
la neblina por la morada terrenal.
Únicamente en virtud de ella
podrán nuestros hijos, nuestras hijas prosperar.
- Karaí Ra Ete, tú también harás que las llamas sagradas se alojen
en nuestros amados hijos, en nuestras amadas hijas.
- Por esto, mi hijo Tupá Ru Ete
aquello que yo concebí para refrescamiento (moderación)
haz que se aloje en el centro del corazón
de nuestros hijos.
Únicamente así los numerosos seres
que se erguirán en la morada terrenal,
aunque quieran desviarse del verdadero amor,
vivirán en armonía.
Únicamente mediante aquello que refresca (moderación),
las leyes que pronuncié para regir el amor
no producirán excesivo calor
en nuestros futuros amados hijos,
en nuestras futuras amadas hijas.
Habiendo Ñamandu Ru Ete, el Primero, designados por sus respectvos nombres
a los verdaderos padres de sus futuros hijos,
a los verdaderos padres de las palabras (almas)
de sus futuros hijos,
cada uno de ellos en su respectiva morada (dijo):
- Después de estas cosas,
después de haber hecho que os llaméis por vuestros nombres,
cada uno de vosotros, en vuestras respectivas moradas,
concebiréis las leyes que regirán en la tierra
a los que llevan la insignia de la masculinidad y el emblema de la femenidad.
Después de estas cosas,
inspiró el canto sagrado del hombre
a los verdaderos primeros padres de sus hijos,
inspiró el canto sagrado de la mujer
a las primeras madres de sus hijas,
para que después de esto, en verdad,
prosperaran quienes se erguirían
en gran número en la tierra.



jueves

LA VENTANA DE IMBABURA (Leyenda de Ecuador)

Hace mucho tiempo, cuando los gigantes recorrían el mundo, existió en el Ecuador un gigante tan alto que su cabeza tocaba las nubes.
Una tarde, recorriendo el límite de sus tierras, encontró a otros gigantes que sentados en rueda comentaban las aventuras vividas y se puso a escuchar.
De pronto un gigante preguntó:
-Eh, tú, ¿por qué no cuentas algunas de tus aventuras?
-No pierdo tiempo en esas cosas, tengo muchas tierras que cuidar y no quiero que nadie ande por ellas- contestó fastidiado.
-Pues bien, cuéntanos cómo son las tierras que tanto cuidas -dijo otro gigante.
-Son tierras nada más...-contestó de mala manera y sin esperar respuesta se alejó.
En realidad no sabía cómo eran; jamás se le había ocurrido mirar hacia abajo. Temía que algún gigante se aventurara por ellas y su mirada sólo se dirigía hacia los costados, tratando de descubrir al supuesto invasor.
Molesto y fastidiado por no tener que contar, caminó durante toda la noche y a la mañana llegó a la provincia de Imbabura.
Fue entonces que miró hacia abajo por primera vez y descubrió que en la zona había gran cantidad de lagos y lagunas.
-¡Ya sé! -murmuró- Voy a recorrer el lugar para mojar mis pies en esos charcos de agua, así tendré después algo para contar.
Temeroso de que las aguas fueran profundas, metió sus pies con mucho cuidado en el primer lago. Pero el gigante era tan alto, que el agua apenas le llegó a los tobillos.
Entonces más animado siguió mojándose en todos los lagos y lagunas que hallaba en su camino; a la tarde ya estaba convencido de que Imbabura no tenía un lugar más profundo que sus muslos.
De todos modos no detuvo su andar y buscando, subió al monte
Imbabura. Ahí descubrió una pequeña superficie de agua, se acercó y tranquilamente metió una vez más los pies en las oscuras aguas. Su sorpresa no tuvo límites al sentir que no tocaba fondo y que se hundía; desesperado se agarró de la cima de una montaña y lo hizo con tanta violencia que uno de sus dedos perforó la piedra de lado a lado.
Así pudo detener su caída y ponerse a salvo.
Después de un rato, cuando se le pasó el susto, miró las revueltas aguas y murmuró muy convencido:
- ¡Esta sí que es una aventura para contar! Y sonriendo se alejó.
En la cima del monte Imbabura, existe un agran agujero llamado la ventana de Imbabura. Según la leyenda, de ahí se sostuvo aquel gigante para salvar su vida.

sábado

LA LITERATURA DE LOS MAYAS


I. LA CREACIÓN DEL MUNDO, DE LOS ANIMALES, DE LAS PLANTAS Y DEL HOMBRE.


(Primera parte)

Ésta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado, y vacía la extensión del cielo.
Ésta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques: sólo el cielo existía.
No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.
No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.
Solamente había inmovilidad y silencio en la obscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad.Estaban
ocultos bajos las plumas verdes y azules, por eso se llama Gucumatz.
De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios y así es como se llama.
Llegó aquí entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz, en la obscuridad, en la noche, y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultando entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.
Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre.
Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y los bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. Se dispuso así en las tinieblas y en la noche por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.
El primero se llama Caculhá Huracán.El segundo es Chipi-Caculhá.
El tercero es Raxá-Caculhá.Y estos tres son el Corazón del Cielo.
Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.
- ¡ Hágase así! ¡ Que se llene el vacío ! ¡ Que esta agua se retire y desocupe (el espacio), que surja la tierra y que se afirme! Así dijeron. ¡Que aclare, que amanezca en el cielo y en la tierra ! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado. Así dijeron.
Luego la tierra fue creda por ellos. Así fue en verdad como se hizo la creación de la tierra:- ¡ Tierra!- dijeron, y al instante fue hecha.
Como la neblina, como la nube y como una polvadera fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas; y al instante crecieron las montañas.
Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y los valles; y al instante brotaron juntos
los cipresales y pinares en la superficie.


(Fin de la primera parte de la Creación)
Demetrio Sodi M. La literatura de los Mayas.
Editorial Joaquín Mortiz, cuarta edición, México, 1976
.

viernes

LA LITERATURA DE LOS AZTECAS


HALLAZGO DE LOS SUSTENTOS

De nuevo los dioses dicen:
- ¿ Qué van a comer los hombres ? ¡Andan buscando alimentos !
Ya va a tomar la hormiga roja los granos de maíz al Monte de los sustentos. Se encontró con Quetzalcóatl y él dijo:
- ¿ En qué lugar fuiste a coger esos granos? ¡Dímelo por favor!
Ella no quería decirlo: porfió él en preguntarlo. Y por fin dijo ella:
- ¡ Allá en el Monte de los sustentos! Y la hormiga lo conduce allá,
Quetzalcóatl se trocó en hormiga negra. Lo va acompañando la
otra y entra al Monte de los sustentos.
Ya los dos juntos transportan y ponen a la orilla de la montaña los granos de maíz. Luego los llevan a Tamoanchan (tierra de la vida nueva).
Los mordisquearon los dioses. En nuestros labios los pusieron y con eso fuimos creciendo.
Dicen entonces (los dioses):
- ¿ Qué hacer con el Monte de los sustentos ?
Va Quetzalcóatl en seguida y hace intento de cargarlo.
Lo ató con cuerdas, pero no pudo levantarlo.
Con los granos de maíz echa suertes Oxomoco y su esposa Cipactónal empieza a leer los destinos.
Y los dos dijeron juntos:
- Lo ha de quebrantar el dios llagado (Nanáhuatl). Y ellos echaban sus suertes.
Pero llegaron todos los dioses de tierra y lluvia (Tlaloque):
Dioses azules, cual cielo; dioses blancos; dioses amarillos; dioses rojos. Hicieron un montón de tierra. Y se llevaron los dioses de la tierra y de la lluvia (Tlaloque), todos los sustentos: maíz blanco,
maíz amarillo, la caña de maíz verde; maíz negruzco, y el frijol, los bledos, la chía, la chicolata,...¡Todo lo que es sustento nuestro fue
arrebatado por los dioses de la lluvia!


jueves

LA LITERATURA DE LOS GUARANÍES


LA CREACIÓN

I

El verdadero Padre Ñamandu, el Primero
habiendo concebido su futura morada terrenal,
de la sabiduría contenida en su propia divinidad,
y en virtud de su sabiduría creadora,
hizo que en la extremidad de su vara fuera engendrándose la tierra.
Creó una palmera eterna en el futuro centro de la tierra;
creó otra en la morada de Karaí (Oriente);
creó una palmera eterna en la morada de Tupá (Poniente);
en el origen de los vientos buenos (N. y N. E.) creó una palmera eterna;
en los orígenes del tiempo espacio primigenio (S), creó una palmera eterna;
cinco palmeras creó;
a las palmeras eternas está asegurada la morada terrenal.

II

Existen siete paraísos;
el firmamento descansa sobre cuatro columnas;
sus columnas son varias insignias.
Al firmamento que se extiende con vientos
lo empujó nuestro Padre, enviándolo a su lugar.
Habiéndole colocado primeramente tres columnas al paraíso,
éste se movía aún;
por este motivo le colocó cuatro columnas de varas-insignias;
sólo después de esto estuvo en su debido lugar,
y ya no se movía más.


III

El primer ser que ensució la morada terrenal fue la víbora
originaria;
no es más que su imagen la que existe ahora en nuestra tierra;
la serpiente originaria genuina está en las afueras del paraíso de nuestro Padre.
El primer ser que cantó en la morada terrenal de nuestro
Primer Padre,
el que por primera vez entonó su lamentación en ella,
fue la "yrypa", la pequeña cigarra colorada.
La cigarra colorada está en las afueras del paraíso de nuestro padre:
es solamente la imagen de ella la que queda en la morada terrenal.
Pues bien, el "y-amaí" es el dueño de las aguas,
el hacedor de las aguas.
El que existe en nuestra tierra ya no es el verdadero:
el verdadero está en las afueras del paraíso de nuestro Padre;
ya no es más que su imagen el que actualmente existe en nuestra tierra.
Cuando nuestro Padre hizo la tierra
he aquí que era todo bosques, dicen que campos no había.
Por este motivo, y para que trabajase en la formación de las praderas,
envió el saltamontes verde.
En donde los saltamontes clavó originariamente su extremidad inferior,
se engendraron matas de pasto:
solamente entonces aparecieron las praderas.
El saltamontes celebró con sus chirridos la aparición de los campos.
El saltamontes originario está en las afueras del paraíso de nuestro Padre:
el que queda ahora no es más que una imagen suya.
En cuanto aparecieron los campos,
la primera en entonar en ellos su canto,
la primera en celebrar su aparición,
fue la perdiz colorada.
La perdiz colorada que por primera vez entonó sus cantos en las praderas
está ahora en las afueras del paraíso de nuestro Padre: la que existe en la morada terrenal no es más que su imagen.
El primero en remover la tierra en la morada terrenal
de nuestro Padre, fue el armadillo.
Ya no es el verdadero armadillo el que existe hasta el presente en nuestra tierra.
éste ya no es más que su simple imagen.
La dueña de las tinieblas es la Lechuza.
Nuestro Padre el Sol es dueño del amanecer.

miércoles

BUTIÁ YATAY - Leyendas de América Latina

EL ENIGMA DEL CINTURÓN DE PALMERAS DEL URUGUAY


LA LEYENDA DE BUTIÁ YATAY


Presentación: Soledad Quintana.


Para Federico Moure y sus compañeros
de 5to. año de Escuela. Para todos los
niños de Uruguay y América. Para todos
los niños del mundo, para que con ellos
construyamos un mundo mejor.


En Uruguay, el pequeño país del Cono Sur, ocurre un fenómeno cuya explicación no se ha podido determinar. Desde las costas del departamento de Rocha, al sureste del país, zonas de grandes lagunas, arranca un cinturón de esbeltas palmeras, de unos pocos kilómetros de ancho. Esta franja atraviesa todo el territorio adentrándose en la Argentina y perdiéndose en tierras paraguayas.
La franja de palmeras se extiende hacia el noroeste cruzando por los departamentos de
Lavalleja, Florida, Durazno, Río Negro y Paysandú, continuando allende el río Uruguay por la zona turística de Palmares de Colón.
Todavía no se ha podido dar explicación científica acerca de la presencia de las palmeras, pero el verbo popular ha creado su propia leyenda que cuenta por qué las palmeras llevan el nombre de
Butiá
Yatay
.
__________________________________
..." Se cuenta que una vez hace mucho, muchísimo tiempo, antes de la llegada de los colonizadores a nuestras tierras, vivía junto a las costas de la laguna Negra una tribu guaraní, la cual se mantenía de la caza y de la pesca. En esta tribu habitaba un muchachito llamado Butiá Yatay.

Butiá Yatay acostumbraba a observar el cielo todas las tardes y el Gran Tupá, el sol, el dios todopoderoso de los guaraníes, el cual todos los días hacía su recorrido por el firmamento. Pero el indiecito esto no lo entendía, la tierra en que habitaba su tribu y las otras tribus, no podía ser un gran plato, Tupá no podía nacer diariamente para morir en cada ocaso.
No, esto seguro que era más complicado, el Tupá, el Gran Jefe, seguro que estaba en el centro de algo y la tierra y la luna y las estrellas se hallaban alrededor de él, precisamente como los jefes de las tribus más pequeñas y los demás súbditos ocupaban su lugar alrededor del gran jefe de la tribu.

Seguro que esa gran bola de fuego, el gran Dios Tupá, estaba sentado en su trono y era la tierra que giraba enrededor de él. Todo esto Butiá Yatay se lo contaba a sus padres, mas éstos no lo entendían y le repetían siempre al pequeño guaraní que dejara de pensar tales cosas, sino Tupá le iría a echar una maldición.
Pero Butiá Yatay no dejaba de creer en lo que afirmaba.Muchos amaneceres sorprendían al indiecito observando nacer el sol, cuando cierta vez Butiá Yatay vio acercarse algo desde el horizonte que era arrastrado por las aguas del mar. Cuando aquello hubo llegado a la costa, Butiá Yatay vio que aquella cosa era un árbol muy raro que nunca había visto, una palmera.
Butiá Yatay jamás había visto una palmera. Tenía unos frutos rojos como el sol, los cuales el indiecito enseguida probó y los halló de dulce sabor.Entonces Butiá Yatay concibió una idea, la palmera que nadie sabía de donde había venido, tendría que haber hecho el mismo recorrido que hacía el sol todos los días.
El pequeño guaraní tomó enseguida una decisión: muy rápido recoletó todos los frutos de la palmera y regresó para la tribu. Allí Butiá Yatay junto a los utensilios más imprescindibles, se despidió de sus padres y comenzó un largo viaje por tierra adentro siguiendo el sol. Pasó y pasó el tiempo y por la senda que había tomado el indiecito comenzaron a crecer palmeras, no vista nunca antes por los habitantes de la tribu. Tales palmeras habían germinado de las semillas de los frutos que iba dejando caer Butiá Yatay en su andar.
Mientras tanto los ancianos padres de Butiá Yatay, pasaban largas noches sentados frente al mar, esperando algún día volver a ver a su hijo. Muchas lunas y muchos soles pasaron los dos indios sentados así, cuando una tarde vieron que se acercaba algo desde el mar. Cuando llegó a las orillas, vieron que era una palmera y que entre sus ramas traía enredada la vincha del indiecito. Desde ese día los indios llaman a esas palmeras Butiá Yatay ".


in: Diario Liberación Suecia, 1988.

martes

LEYENDA DE JAMAICA

EL VIAJE DE LOS CARIBES

Cuando el Gran Anciano Kabo Tano creó a los Caribes, quiso tenerlos cerca, por eso los instaló en un objeto celeste que en aquel entonces giraba alrededor de la luna y estaba a poca distancia de su reino.
Los caribes vivían felices en ese pequeño mundo formado por una sabana cubierta de suave pasto. Cuando tenían hambre, tomaban un poco de arcilla, le daban forma y el Gran Anciano la convertía en alimento.
Nada perturbaba su tranquilidad, hasta que un día miraron a su alrededor y entonces descubrieron un cielo lleno de estrellas luminosas. Sólo algo desentonaba con tanta belleza, un globo gris y opaco que giraba triste por el firmamento. Los caribes lo llamaron tierra y sintieron deseos de embellecerlo. Después de mucho hablar y discutir, pidieron a Kabo Tano que los ayudara a viajar hacia aquél mundo, que a pesar de ser tan oscuro los atraía por el misterio.
El Gran Anciano les envió carruajes hechos de nubes, y les advirtió que era muy difícil volver desde allí, pero los caribes tenían sed de aventuras y sin pensarlo salieron rumbo a la tierra.
Cuando llegaron, les sorprendió ver que estaba cubierta por un gran velo gris; y enseguida pusieron mano a la obra,comenzaron a enrollarlo y...maravillados vieron aparecer flores, puestas de sol y el mar tan azul.
Cuando todos los colores de la Tierra estuvieron visibles, los caribes quisieron volver a su mundo pero no encontraron sus carruajes. Las nubes se habían disuelto y de pronto recordaron la advertencia de Kabo Tano: ya no podían volver.
Durante tres días y tres noches llamaron al Gran Anciano pero no recibieron respuesta; entonces desesperados comenzaron a llorar como niños.
-Caribes, basta de llorar! -exclamó una voz -. Kabo Tano no contesta a nuestros ruegos porque quiere que nos quedemos aquí y encontraremos la manera de vivir por nuestros medios.
Era el joven Kikshi quien hablaba dándoles ánimo. Los llantos se aplacaron, mientras seguía diciendo:
-Busquemos un lugar parecido a nuestra sabana allá arriba.
Aunque no nos hable, Kabo Tano nos protegerá.
Llenos de una nueva esperanza, los caribes comenzaron la búsqueda. En su recorrido encontraron frutas comestibles, después animales que los siguieron y un día se extendió delante de ellos una hermosa sabana, cubierta de suave pasto.
Habían llegado al centro de la Isla de Jamaica, felices se instalaron allí y cuidaron de ese pedazo de tierra para que cada día fuera más hermoso.

FIN

lunes

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN (Venezuela)

LAS CATARATAS DEL CIELO
En el comienzo está el combate de las aguas. Los seres ni siquiera tienen pálida figura. No hay árboles temblorosos ni animales asombrados. Sólo están la tinieblas y la nada. Hace más de tres mil años los babilonios hablaron de los orígenes, en su libro sagrado Enuma Elish. De un lado Tiamat, el agua salada, productora de turbaciones y de monstruos. Del otro Apsu, el agua dulce ,que sostiene el universo. La lucha fue disipándose hasta que un día, entre las hierbas y los peces, confundido aún por la desolación, pero dispuesto a penetrar la vida, surgió el hombre sobre la faz de la tierra.

Quedan piedras labradas, cavernas, pinturas de animales, cantos y danzas para dar testimonio de los primeros pasos. No fue fácil el oficio de vivir. Dura tarea someter a los animales, frenar la selva, escuchar el discurso de los ríos. Pero más difícil aún fue complacer a los dioses. Himnos y canciones, torres tendidas hacia el cielo, búsqueda de frutos y juegos con la serpiente, parecieron ofensas.
Y los dioses, implacables, desataron la inundación.

En todas las cosmogonías se coincide en el castigo acuático. Los ríos se desbordan en la Mesopotania, se anegan los sembradíos, son sepultados los ladrillos. Según el Génesis, hubo lluvia sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tierra y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.

Parece inherente a la condición humana el ahogarse. El mecanismo natatorio debería ser la inicial técnica de aprendizaje, por la experiencia de los siglos, una aproximación al pez. O disolvernos en la esencia húmeda que fuimos, protozoarios sin vanidad, ni negociados, ni ambición de poder. Milenios de cultura acumulada parecen disolverse cuando se abren las compuertas del cielo. ¿Quién provoca las catástrofe ? En el Popol Vuh se cuenta que los hombres, por tener la cabeza de madera, no reconocieron a sus creadores. Entonces: Los Espíritus - Del - cielo hincharon la inundación por encima de la cabeza de esos muñecos de madera.

La tradición maquiritare, llamada Watunna, dice que una vez los ríos se salieron de su madre. Y allí están, otra vez, enloquecidos, devastando los montes, cubriendo la tercera parte del país. También nuestros dioses nativos se ofenden y castigan la estupidez y la desidia. La Watunna señala que dos muchachos construyeron una troja altísima y se sentaron a comer frutas de moriche, esperando que la tierra se secara. Ahora, deben estar de nuevo en su albergue. Las corrientes dulces y las corrientes saladas han entrado nuevamente en combate. Colón vio esa lucha a su paso por la Boca de Dragos. Dijo que hacia adentro debería estar el Paraíso.Fantasías de almirante, presunción irónica, la verdad resulta ahora un edén acuático contaminado, con más frutos del mal que del bien y como si no hubiera pasado los milenios, un regreso a las fuentes primordiales. Por fortuna hay todavía la posibilidad de subirse a la troja maquiritare y quizás una paloma regrese con su rama de olivo.
FIN

jueves

VÍCTOR MONTOYA - El Tío de la mina

El Tío de la mina

Querido Tío*:

En esta fotografía, captada en el interior de la mina, se destaca tu estatuilla de greda en medio de las ofrendas que te dejaron los mineros, quienes, sentados en los callapos de la galería, pijcharon en tu presencia, suplicándote que les concedas el filón más rico de estaño y les protejas de las enfermedades y los peligros. Las botellas de aguardiente son para aplacar tu sed y rendirte culto, pero también para ch’allar en honor a la Pachamama, la divinidad andina que no se ve pero que guarda las riquezas en sus entrañas.

Si te miro de cerca, escrutando los detalles de tu imagen, veo que tienes la nariz y la boca ennegrecidas por el humo de los k’uyunas, los ojos redondos como canicas de cristal, los brazos ligeramente flexionados y el cuerpo cubierto con mixturas y serpentinas. En realidad, si hablamos con propiedad, diríamos que tienes el rostro más desfigurado que el Fantasma de la Opera y el cuerpo más contrahecho que un monstruo con cola y cuernos. Quizás por eso vives desterrado en la zona más sombría y profunda de la mina, cuyas galerías no son el reino de Hades ni el infierno de Dante, sino un recinto tenebroso sólo conocido por los trabajadores del subsuelo, donde los devotos te temen más que a Dios y los supersticiosos te veneran más que a la Virgen del Socavón.

Por otro lado, según la versión católica, eres el ángel celestial que, por haberte rebelado contra la voluntad suprema de tu Creador, fuiste condenado a sufrir un castigo eterno entre las llamas del infierno. Pero tú, generador de beneficios y maleficios, no llegaste ni siquiera hasta las puertas del purgatorio; preferiste amalgamarte con el Huari y el Supay de la mitología andina, hacerte llamar Thiula y meterte en los socavones de la mina, en cuyas tinieblas instalaste tu trono y tu reino. Desde entonces eres el dueño de los minerales y el amo de los mineros, quienes, en actitud de sumisa veneración, te rinden pleitesía al entrar y al salir de la mina, tributándote hojas de coca, k’uyunas y botellas de aguardiente, sin más intención que manifestarte su fe y cariño, y pactar contigo en una suerte de ritual milagroso. Aunque eres un ser ambivalente, mezcla del Bien y del Mal, ejerces una influencia decisiva sobre la vida de los habitantes del altiplano, donde te atreviste a medir tus fuerzas satánicas con las fuerzas divinas de Dios.

En vísperas del Carnaval, los mineros ch’allan tu cueva, adornan tu cuello con serpentinas y arrojan puñados de colación y mixturas alrededor de tu trono, donde tú estás sentado, viendo cómo te miran el pene largo, grueso y erecto. Después te disfrazas de Lucifer y sales de la mina, con la alegría de bailar en la fraternidad de los diablos, bebiendo los tragos que te ofrece la gente y enamorándote de las doncellas más hermosas que, en honor a tu esposa perversa (la Chinasupay), se disfrazan de diablesas; botines de tacos altos, polleras cortas, blusas vaporosas y chaquetas drapeadas con saurios, arácnidos y batracios. Las diablesas tienen la máscara con ojos saltones y pestañas largas, pómulos de granate y labios sensuales, tan sensuales que, además de esbozar una sonrisa tentadora, dejan entrever una hilera de dientes engarzados en piedras preciosas.

Tú bailas al compás de la música de tamboreros y soplalatas, arrastrando el aire con tu capa de terciopelo y tu cetro de mando, mientras las diablesas, acosadas por los jukumaris y mallkus, coquetean alrededor del arcángel San Miguel, enseñándole el contorno de las piernas y cubriéndose las tetas con sus cabelleras recogidas en trenzas.

Tu traje de Lucifer, que parece hecho de luces y de sueños, es uno de los indumentos más envidiables del Carnaval orureño, donde todos te miran y admiran desde el fondo del espanto. Tu capa de terciopelo, lujosamente bordada con hilos de oro y plata, está adornada con víboras, lagartos y dragones; en cambio tu faldellín y tu pechera, salpicados de botones, lentejuelas y cristales, tienen figuras ornamentadas con relumbrante pedrería; tus botas y tus guantes lucen relieves de sapos, arañas y alacranes; mientras los pañolones que llevas al cuello, confundiéndose con tu larga cabellera, son adornos que flotan al aire como ramilletes de flores; tu máscara, deformada hasta el límite del horror, tiene la nariz estallada, las orejas puntiagudas y los dientes feroces; tus ojos, grandes y rotativos como los de un camaleón, desprenden colores vivos en el día y luces fosforescentes en la noche. Y para infundir miedo y respeto entre tus súbditos, llevas una serpiente de tres cabezas entre los cuernos alambicados de tu frente.

Pasado el Carnaval, en cuyo ámbito maravilloso te entregas por completo al baile, al amor y al alcohol, vuelves a entrar en las tinieblas de la mina, donde no eres más el Lucifer sino el Tío protector de los mineros. Ellos te consideran el sincretismo cultural entre la religión católica y el paganismo ancestral, no sólo porque formas parte de una leyenda que gira en torno a la mina y sus asuntos, sino también porque eres un ser mítico capaz de esclavizar y liberar a los hombres con tus poderes mágicos.

Por lo demás, ahora que vuelvo a mirar tu imagen, tengo la horrible sensación de que me persigues como si fueras mi propia sombra; a veces estás más cerca de mí que Mefistófeles de Fausto y siento que quieres hacerme caer en la tentación, induciéndome a cometer pecados horrorosos de los que no me salvaría ni la muerte. Asimismo, en el misterioso laberinto de los sueños, asumo tu imagen para hablar con voz de diablo, como si de veras existieras en la realidad y no sólo en la fantasía de quienes, acosados por el miedo y la superstición, te imaginan más peligroso que el dragón y más feroz que el Minotauro, mitad bestia y mitad humano.

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Glosario

Callapos: Troncos de árbol. Escalón de mina.
Ch’allan: Celebran un acontecimiento rociando al suelo con alcohol, chicha o cerveza. Ofrenda o sacrificio en honor al Tío.
Chinasupay: Diablesa. Deidad y esposa del Tío.
Huari: Deidad mitológica de los urus, protector de los auquénidos y personaje simbolizado por el Tío de la mina.
Jukumaris: Osos. Simbolizan la fuerza del pueblo andino, pero también la penetración europea en el territorio de los urus.
K’uyunas: Cigarrillos con envoltura rústica.
Mallkus: Cóndores.
Pachamama: Madre Tierra. Divinidad de los Andes.
Pijcharon: Mascaron coca.
Supay: Diablo, Satanás. Personaje que representa la simbiosis entre la región andina y de la religión católica.
Thiula: Tío.
Tío: Deidad de la mitología andina. Diablo y dios tutelar que habita en el interior de la mina. Los mineros le temen y le brindan ofrendas.
Del libro “Retratos”

 
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