lunes

ADRIANO GONZÁLEZ LEÓN (Venezuela)

LAS CATARATAS DEL CIELO
En el comienzo está el combate de las aguas. Los seres ni siquiera tienen pálida figura. No hay árboles temblorosos ni animales asombrados. Sólo están la tinieblas y la nada. Hace más de tres mil años los babilonios hablaron de los orígenes, en su libro sagrado Enuma Elish. De un lado Tiamat, el agua salada, productora de turbaciones y de monstruos. Del otro Apsu, el agua dulce ,que sostiene el universo. La lucha fue disipándose hasta que un día, entre las hierbas y los peces, confundido aún por la desolación, pero dispuesto a penetrar la vida, surgió el hombre sobre la faz de la tierra.

Quedan piedras labradas, cavernas, pinturas de animales, cantos y danzas para dar testimonio de los primeros pasos. No fue fácil el oficio de vivir. Dura tarea someter a los animales, frenar la selva, escuchar el discurso de los ríos. Pero más difícil aún fue complacer a los dioses. Himnos y canciones, torres tendidas hacia el cielo, búsqueda de frutos y juegos con la serpiente, parecieron ofensas.
Y los dioses, implacables, desataron la inundación.

En todas las cosmogonías se coincide en el castigo acuático. Los ríos se desbordan en la Mesopotania, se anegan los sembradíos, son sepultados los ladrillos. Según el Génesis, hubo lluvia sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches. y las aguas prevalecieron mucho en extremo sobre la tierra y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos.

Parece inherente a la condición humana el ahogarse. El mecanismo natatorio debería ser la inicial técnica de aprendizaje, por la experiencia de los siglos, una aproximación al pez. O disolvernos en la esencia húmeda que fuimos, protozoarios sin vanidad, ni negociados, ni ambición de poder. Milenios de cultura acumulada parecen disolverse cuando se abren las compuertas del cielo. ¿Quién provoca las catástrofe ? En el Popol Vuh se cuenta que los hombres, por tener la cabeza de madera, no reconocieron a sus creadores. Entonces: Los Espíritus - Del - cielo hincharon la inundación por encima de la cabeza de esos muñecos de madera.

La tradición maquiritare, llamada Watunna, dice que una vez los ríos se salieron de su madre. Y allí están, otra vez, enloquecidos, devastando los montes, cubriendo la tercera parte del país. También nuestros dioses nativos se ofenden y castigan la estupidez y la desidia. La Watunna señala que dos muchachos construyeron una troja altísima y se sentaron a comer frutas de moriche, esperando que la tierra se secara. Ahora, deben estar de nuevo en su albergue. Las corrientes dulces y las corrientes saladas han entrado nuevamente en combate. Colón vio esa lucha a su paso por la Boca de Dragos. Dijo que hacia adentro debería estar el Paraíso.Fantasías de almirante, presunción irónica, la verdad resulta ahora un edén acuático contaminado, con más frutos del mal que del bien y como si no hubiera pasado los milenios, un regreso a las fuentes primordiales. Por fortuna hay todavía la posibilidad de subirse a la troja maquiritare y quizás una paloma regrese con su rama de olivo.
FIN

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