domingo

JORGE DÍAZ HERRERA (Perú)


FELIZ CUMPLEAÑOS

El rinoceronte no quería convertirse en una vaca, por más que Emilio le quitara el unicornio y le dibujaran patas de vaca. Entonces rompió en pedazos el animal, pero los ojos y una oreja del rinoceronte sugirieron a Emilio una nueva tarea: reconstruirlo. Y los retazos empezaron a unirse uno tras otro y, al fin sólo quedó el espacio de las patas, que Emilio conviertiera en patas de vaca. Decidió dibujarlas y lo único que logró fueron unas patas de caballo. Y descubrió que más fácil le habría sido el rinoceronte transformarse en un caballo que en una vaca. Cogió un borrador para enmendar los errores y emprendió la realización de su nuevo propósito.Pero ahí estaban los trazos de la imprenta y lo que pareciera tan fácil fue resultando difícil. Y empezó a borrar todo lo que se opusiera a sus afanes, pues tenía que conseguir el caballo de todas maneras.

Las líneas de imprenta fueron cediendo su lugar a los trazos del lápiz hasta que apareció el caballo, que luego fue una cebra. La cebra se resistió con una terquedad invencible a convertirse en un pescado y Emilio la abandonó echándose a cabalgar en una escoba.Cuando cumplió veinte años, Emilio se encontraba lejos, abrió la carta que llegara a su cuarto de estudiante y se encontró con la firma de su madre que le deseaba feliz cumpleaños, al pie de una cebra que no quiso convertirse en pescado y que se transformó en un retazo lejanísimo y recién resucitado de su infancia.

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