jueves

26 / OLVER


Tomado del Capitulo 26 de la segunda parte del libro "El taller de la Vida/Confesiones" de Hugo Giovanetti Viola.
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El Profesor de La Sorbonne y antólogo Olver Gilberto De León empezó a ser nombrado en el Uruguay después de un importantísimo coloquio sobre el cuento que se realizó en París en el 80.
Hasta Onetti viajó para adherirse a la resistencia cultural internacional, y una noche estaban comiendo una lasagna que le prepararon especialmente y preguntó si se podía localizar a Cortázar y el mosquetero fue hasta el restaurant y se sacaron las ganas de apretarse los huesos.

Este abrazo quedó muy bien contado en Itinerarios, la primera parte ya estrenada en Francia y Uruguay de una serie documental que empezó a elaborar Álvaro Moure Clouzet en 2005, y que realmente extrae la esencia del trabajo casi quijotesco que viene cumpliendo Olver desde que se exilió en París a mediados de los 70.

Y como decir quijotesco para mí siempre es grave, aclaro que la hipnosis de la película logra transparentar una soledad de acción docente y crítica y gestionaria que no fue remolineada al carajo por el espejismal encantamiento de ningún moulin pero duele peor.

Parece como si Olver Gilberto De León, Maître de Conférences à l’Université de Paris-Sorbonne, Paris IV, siguiera vendiendo pan descalzo en San Carlos igual que en su infancia y el establishment se dignara nada más que a homenajearlo de vez en cuando y sonriera murmurando: Siga metiendo los tobillos en el barro, profesor, porque si usted no reparte estos pedazos de arte quedan todos tirados.

A mí me llamó por teléfono desde Buenos Aires en el 84. Saúl le había pasado el número y él todavía no podía entrar al Uruguay y se ofreció a ayudarme a colocar en París una colección de autores nacionales y recién nos conocimos personalmente cuando se reinstauró la democracia.
Y al otro año me escribió comentándome Morir con Aparicio y sentí que aquel hombre era capaz de verle el alma a un libro igual que si tuviera un tercer ojo constitutivo capaz de ordenar los paisajes, para hablarlo en García Lorca.

Y como la falsa modestia es peor que la vanidad informo que el viernes 24 de noviembre de 2006, en la Semana de Cultura de Uruguay organizada por La Sorbonne y con la presidencia de Milagros Ezquerro, responsable de los Seminarios de América Latina, y la participación de Claude Couffon, Maryse Renaud, Jean-Philippe Barnabe, Roger Guggisberg, Fernando Ainsa y Juan Carlos Mondragón, se eligió homenajear a cinco escritores contemporáneos uruguayos: Juan Carlos Onetti, Felisberto Hernández, Marosa Di Giorgio, Enrique Amorin y un servidor.
Y le correspondió a Olver Gilberto De León disertar sobre Morir con Aparicio, que viene utilizando como texto de estudio en los cursos de Literatura Hispanoamericana que dicta en Paris IV / Sorbonne y Paris XII / Créteil desde los años 90.

Algunos podrán pensar que parezco Ana Monterroso diciéndome a mí mismo Date corte, Juan Antonio, pero me importa un pito.

Esto no es un asunto de elecciones amiguistas sino de consensos universitarios, y si tomamos en cuenta nada más que las tres antologías de mayor peso publicadas por Olver desde el 80, encontraremos incluidos a Horacio Quiroga, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Cristina Peri Rossi, Enrique Estrázulas, Eduardo Galeano, Fernando Ainsa, Matilde Bianchi, Tarik Carson, Mario Levrero y Tomás de Mattos, aparte de Saúl Ibargoyen, Daniel Bentancourt y Ricardo Prieto, que aparecerán en la segunda antología del cuento negro y policial.

Y lo que nunca va a entender la mayoría de la gente que viaja en la bodega del barco cultural es que no se puede prohibirle la exploración de la intemperie a los que creen en el estrellerío soñado por sus entretelas. Van a escaparse de cualquier manera y a volver con noticias del maná.

En el borde del camino hay una silla / la rapiña merodea aquel lugar / la casaca del amigo está tendida / el amigo no se sienta a descansar, le gusta aullar a Olver con una voz más finita que la de Silvio Rodríguez: Sus zapatos de gastados son espejos / que le queman la garganta con el sol / y a través de su cansancio pasa un viejo / que le seca con la sombra el sudor.
Pero eso es cuando toma demasiado vino. En este momento está internado en París, posiblemente muy grave, y sé que tiene paz.

Hace poco le escribió en un mail a un locutor radial de Maldonado: Yo en mi niñez aprendí a conocer a la gente y a la muerte con naturalidad. A mí lo que me interesaba eran los personajes del pueblo, los que no tenían para comer pero sabían reírse.
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