miércoles

RICARDO PRIETO (Uruguay)


HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE

El sacerdote no podía crer lo que estaba viendo: en lugar de colocarle el anillo, el novio depositó en la palma de la novia un pequeño animal parduzco y húmedo, más grande que un gusano, que pasaba mórbidamente su rojiza lengua sobre la piel.
Aquello era inconcebible. Pero era más inconcebible aún que la
grácil muchacha de cabellos rubios y ojos virginales aceptase sonriendo el presente, como si el bicho fuese una gema y en el gesto de entregarlo se simbolizase el amor.
El sacerdote posó sus ojos en la concurrencia. Pero nadie había observado nada extraño. Debía continuar presidiendo la ceremonia, sin embargo, y no sabía cómo hacerlo.
Desesperado, optó por recurrir a la Biblia, pidiendo auxilio con devoción. Solía hacerlo siempre en los momentos de duda, eligiendo al azar cualquier frase y tomándola después sin vacilar como la palabra de Dios.
Leyó rápidamente en el libro abierto. Sus manos transpiraban. El terror deformaba su rostro.
"La caridad es paciente, es beingna, todo lo esxcusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera ".
Que lo perdonara San Pablo. El no podía sentir caridad por aquel gusano.
La novia continuaba sonriendo, consustanciada con el símbolo. Sentía pánico y goce, un olor de otro mundo, perfumado, nauseabundo, pero dulce sin embargo, embriagador.
El novio se anticipaba a la posesión y de sus endurecidas mandíbulas entreabiertas salían enormes dientes feroces, de su boca manaba algo que se parecía a la baba o el pus.
El sacerdote vio todo esto o lo imaginó, comprobando con asombro
que los asistentes no veían nada.Pero él debía continuar.Para eso estaba allí.
Siguió leyendo. Los segundos parecían siglos.
" La caridad no pasa jamás; la profesías tienen su fin, las lenguas cesarán, la ciencia se desvanecerá".
No. El no estaba dotado para aquella caridad.
Los novios esperaban su bendición y se acercó jadeando. Visto de lejos parecía equilibrado, reposando en un aureola de santidad, y los dos jóvenes creyeron ver la cruz que debían besar. Pero en seguida
comprendieron con estupor que estaban frente a un cuchillo.
La novia cerró la mano para proteger el animal. El novio, en cambio, aprisionó la cerrada mano de la muchacha entre sus manos, en el mismo momento en que el filo se hundía sobre el bicho.

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